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Hermandad Sacramental del Santo Sepulcro |
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RESIDENCIA CANÓNICA:
Tiene su residencia en la
Iglesia de Sandiego. Se finalizó a mediados del siglo XVII, durante el mandato
del obispo don Francisco Pérez Roy. Se trata de un templo de dimensiones
medianas, constituido prácticamente por una sola nave central, que abre a la
derecha pasadizos incrustados en el estribo, utilizando siempre la bóveda de
cañón y el arco de medio punto. La segunda arcada de la izquierda da entrada a
una capilla hexagonal, en donde se alberga el Santo Sepulcro, cubriéndose con
una notable cúpula sobre trompas.
HISTORIA:
Esta hermandad tuvo su
origen en la iglesia del convento de Santo Domingo, situado en el barrio de San
Miguel. La cofradía estará muy relacionada con la Hermandad de Esclavitud de la
Soledad, sita igualmente en el convento de los dominicos. Prueba de ello son los
testimonios documentales, concretamente el fechado el 12 de mayo de 1617, donde
los cofrades de la Soledad manifiestas su intención de que doce representantes
acompañen al Santo Entierro con sus respectivas hachas de cera.
La primera fundación de la
que se tienen noticias data del mes de abril de 1675, fundación llevada a cabo a
instancias de un nutrido grupo de accitanos reunido para la ocasión en las
dependencias del convento de Santo Domingo, del barrio de San Miguel.
Como ideas esenciales que
presiden su fundación podemos destacar las siguientes, recogidas en el acta
fundacional: en principio se esgrime la idea de la defensa del Dogma de la
Inmaculada Concepción; asistir a la procesión con túnica de esterliz negro y un
hacha de cera y atender a los cofrades que por algún motivo pasaran calamidades
físicas.
El proyecto de estatutos se
presenta al obispo Diego da Silva y Pacheco, celebrándose el primer cabildo el
día 19 de abril de 1675.
Desde su fundación esta
hermandad participará en el desfile del Viernes Santo por la tarde en la
procesión denominada "del Santo Entierro". Económicamente parece ser que no
tenía problemas, incluso a ella estaban vinculadas personas pertenecientes a la
nobleza y al gobierno local.
Además de la salida
procesional, esta cofradía celebraba una fiesta anual el Domingo de
Resurrección, junto con actividades sociales y asistenciales (visitas de
enfermos y entierros).
En el siglo XVIII se va a
plantear una reforma de sus constituciones, que se lleva finalmente a cabo el 24
de febrero de 1788. La hermandad seguía gozando de gran estima y prestigio en la
ciudad, a ella pertenecían muchos vecinos del barrio de San Miguel, cuyas
ocupaciones habituales eran las de braceros, artesanos y labradores; estos
últimos tenían tierras en la "Paulenca". Entre los primeros hermanos se
encontraba don José Aguilar, Marqués de Cortes.
Durante el siglo XIX, al
igual que la mayoría de las cofradías accitanas, conocerá épocas de esplendor
con otras decadentes. Una etapa decadente será la invasión de las tropas
francesas.
Hasta el 28 de febrero de
1818 la cofradía no vuelve a reunirse en cabildo, ya que "esta Hermandad ha
estado en el de inacción por las ocurrencias antiguas...". En este cabildo se
acuerda encargar "un nuevo Sepulcro para poder salir en procesión en la tarde
del Viernes Santo...". Para ello, se acuerda que cada cofrade pagase 100 reales
de vellón y una cuota de 20 reales anuales. La recaudación del dinero estaría a
cargo de don Juan de Igarzábal y don Manuel Carrasco. Tras la salida
procesional, la hermandad contaba con un superávit de 820 reales.
En este año de 1818 se
plantea también la necesidad de reformar las constituciones "algo desfasadas..."
Si hemos de señalar el cambio de vestimenta que se produce en la segunda mitad
del siglo XIX, ya que sus integrantes estaban obligados a vestir de frac, y a
llevar la insignia de la cofradía en el pecho. Estos cambios despertarán una
viva polémica en el periódico local "El Accitano".
El Santo Sepulcro no se
salva de la barbarie, la Guerra Civil acaba con la hermandad y con la imagen.
Tras la contienda, un grupo de accitanos "apenados con la pobreza en el culto
externo... y el poco espíritu de fe y devoción de las multitudes ante los
"pasos" e imágenes de la Pasión" decide refundar la hermandad, y eleva esta
petición al obispo de la Diócesis, don Rafael Álvarez Lara, el 3 de mayo de
1950.
Los nuevos estatutos son
presentados para su aprobación canónica el 6 de enero del año siguiente,
manifestando el deseo expreso de que tuviese su sede en la basílica de Nuestra
Señora de las Angustias. Por este motivo, sus representantes deciden abandonar
su residencia tradicional, la iglesia del antiguo convento de Santo Domingo.
Ya en el proyecto de
estatutos se pone de manifiesto una serie de intenciones, que con el paso del
tiempo caracterizarán a esta hermandad sacramental: la seriedad y puntualidad de
sus integrantes, que les ha costado incluso algunos malentendidos con la
Cofradía de la Soledad.
Uno de los grandes aciertos
de la nueva cofradía será la creación de una centuria de romanos de rico atuendo
que en un principio estaba compuesta por un prestigioso grupo de músicos
accitanos que le dieron lustre a la hermandad. Actualmente se mantiene.
En los años ochenta
acometen la realización de un nuevo trono para el "paso" similar al que luce la
Cofradía del Santo Sepulcro de Málaga. Se encarga a los Hermanos Jiménez,
artistas bastetanos que han realizado varios trabajos de gran mérito para
nuestras cofradías, y en 1985 el nuevo trono se luce por nuestras calles, se
trata de un gran túmulo, realizado en maderas nobles, y algunos detalles en
mármol, con relieves y altorrelieves en los que alternan motivos geométricos y
vegetales; a ambos lados del "paso" lleva sendos medallones con la insignia del
Santo Sepulcro. Cuatro grandes cirios situados en las esquinas del "paso" y una
serie de recipientes para depositar el incienso completan este trono austero y
sencillo.
Esta hermandad, desde su
refundación, ostenta el honor de ser la procesión oficial de nuestra Semana
Santa, siendo presidida por el obispo de la Diócesis.
TITULAR:
Santo Entierro de Cristo,
adquirido en los talleres madrileños de "Santa Rufina y Heras". Es una imagen
semidesnuda en posición yacente, cubierta hasta el pecho por una sábana blanca.
De tamaño atlético, con un estudio pormenorizado del pectoral, brazos y cara, en
donde se perciben rasgos de sufrimiento. Es un Cristo que ha envejecido
considerablemente por el martirio al que ha sido sometido; la policromía se
encarga de exagerar lo cruento. La imagen reposa sobre un colchón cubierto de
raso blanco sobre una losa de serpentín y cubriendo la imagen un damasco de tisú
blanco; su cabello cae sobre un cojín, mientras que la cabeza está algo
levantada.
- Cuando el olor del incienso
- envuelve tu cuerpo santo
- miro en mi interior, y pienso
- por qué me querrás tu tanto:
- Señor, yo valgo bien poco,
- soy egoísta y rastrero,
- el placer me vuelve loco
- y atesoro el vil dinero.
- Temo el trabajo y sus penas
- y de fugaz diversión
- tengo tantas horas llenas,
- que mi gozo es mi pasión.
- Con asco y repulsa miro
- al pobre y su penar
- y mi bolsillo retiro
- si la limosna he de dar.
- Tú, que por mí estás muerto,
- dame tu amor y tu vida:
- por tu cuerpo santo y yerto
- apresura tu venida
- a mi corazón abierto.
- ¡Tus heridas me han curado,
- tu dolor me ha redimido!
- Porque mucho me has amado
- cuando vagaba perdido.
- Cuando el olor del incienso
- envuelve tu cuerpo santo
- miro en mi interior, y pienso:
- ¡por qué me querrás tú tanto!
M.A.
CULTOS:
Charlas cuaresmales y
cultos mensuales.
ESTACIÓN DE PENITENCIA:
Sale el Viernes Santo a las
20,00 horas. Sus cofrades visten capillo y túnica blancos con cíngulo y capa
roja. Lo más característico es el espíritu de austeridad y recogimiento
que embarga el desfile de esta cofradía por las calles accitanas. No obstante es
digno de resaltar la salida del templo de San Diego, en donde se consigue una
perspectiva de gran belleza al observar la larga fila de penitentes, con el
Santo Sepulcro traspasando el umbral del templo. Tampoco podemos olvidar el
encuentro con la Virgen de la Soledad en medio de una impresionante
manifestación de fe.
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