SANTO VÍA-CRUCIS
PREPARACIÓN
Señor, porque me has
elegido quiero acercarme a Ti y acompañarte en esta angustiosa y gloriosa Ruta
del Calvario.
Quiero vivir intensamente
el Misterio de tu Pasión e impregnado de Ti, sacar las enseñanzas que, lleno de
amor, bañaste con tu sangre y con la pureza del agua de tu costado para que yo
borrase la mancha de mis culpas.
Al asirme de tu mano,
Jesús, y vivir contigo estos momentos de dolor, cariño y arrepentimiento, graba
en mi mano pecadora el caudal de tu paciencia para que sepa reprimir los
impulsos que, aún en defensa de lo lícito, empleo con el sentir y levanto con mi
mano para herir a mis semejantes.
Recuérdame aquella
respuesta de amor a la injusta agresión de los hombres para que me sirva como
ejemplo de humildad: "Pedro: mete la espada en la vaina: el cáliz que me ha dado
el Padre ¿no lo he de beber?"
¡Dame sed, Jesús, para yo
también beber de ese cáliz!
1ª ESTACIÓN. Jesús condenado a muerte.
Verso: Te adoramos,
Cristo, y te bendecimos.
Respuesta: Porque
con tu Santa Cruz redimiste al mundo, y a mí pecador. Amén.
Nunca se conoció en la
justicia humana una afrenta y un error como el de este proceso.
El corazón del Señor ha de
sentirse hondamente consternado, oprimido, y sus sentimientos amorosos ahogados
en la más profunda amargura.
Los hombres se han
equivocado. Sin embargo, Él, acepta en silencio tan descabellada sentencia.
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¡Señor!, Tú has iniciado el
camino de la adversidad y lo marcas amorosamente con este incomprendido acto de
resignación y acatamiento.
Enséñame a continuar tu
camino.
Que jamás juzgue a nadie, y
sobre todo, que sepa aceptar los juicios de mis semejantes aunque fallen
equivocadamente sobre mí.
Y si me juzgo a mí mismo
que sepa condenar a muerte ese "yo" que te niega; ese querer "ser" que es la
negación de tu ejemplo, y, por consiguiente, la continuación de tan ignominiosa
sentencia.
Padre nuestro, Ave María
y Gloria.
2ª ESTACIÓN. Jesús toma la Cruz.

Verso: Te adoramos,
Cristo, y te bendecimos.
Respuesta: con tu
Santa Cruz redimiste al mundo, y a mí pecador. Amén.
Jesús ha cargado la cruz
sobre sus hombros.
Se resiste a rechazarla y
no espera a que le insistan sino que la toma en firme, resueltamente.
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¡Señor!, que yo también
sepa poner el hombro para cargar sobre mí, decididamente, todo cuanto me
aplasta, me fatiga y ahoga. Que jamás diga: "hágase tu voluntad, Señor", cuando
todo me es lisonjero y fácil, para después, en los momentos de dificultad y
prueba, hacer exclusivamente la mía.
Que mi voluntad sea sólida;
que no se doblegue a mis humanas tendencias. Que no oponga resistencia para
abrazar la cruz en el momento que aparezca.
Es posible que esa cruz la
tenga frente a mí y solo me falte saber acariciarla. Ayúdame a ir en pos de
ella. Que no sienta temor. ¡Porqué temer si Tú solo has sabido amar!
Padre Nuestro, Ave María
y Gloria.
3ª ESTACIÓN. Jesús cae por primera vez.
Verso: Te adoramos,
Cristo, y te bendecimos.
Respuesta: Porque
con tu Santa Cruz redimiste al mundo, y a mí pecador. Amén.
El peso de la Cruz es
insoportable, sus fuerzas flaquean y Jesús empieza a desfallecer. Cae al suelo.
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He sido yo, Señor, quien
sin obstáculos y lleno de complacencias te ha empujado.
La fuerza de mis faltas, de
mi inicuo proceder, de mis falsos propósitos, te ha empujado
ingratamente
en ese sendero incendiado por mis consecuencias y que tan horriblemente te
abrasa.
Porque al caer en el camino
de mi vida he dejado la cruz en el suelo para quedarme libre, sin dificultades,
y así, empujarte mejor.
Perdona, Señor, mis
empujones; perdona mis negligencias; no consideres mis débiles razones para
excusarme de no poder llevar la cruz.
Ayúdame a no desesperar y
podré levantarme cargando amorosamente con la gravedad de ella.
Padre Nuestro, Ave María
y Gloria.
4ª ESTACIÓN. Jesús encuentra a su madre.
Verso: Te adoramos,
Cristo, y te bendecimos.
Respuesta: Porque
con tu Santa Cruz redimiste al mundo, y a mí pecador. Amén.
El populacho vocifera. Está
pendiente de todo movimiento de aquel cuerpo extenuado, se regocija del
agotamiento y dificultad. Ríen, gritan.
Jesús, en aquel angustioso
caminar, levanta la cabeza y encuentra a su Madre.
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No hay fuerza ni razón
humana para comprender lo que el corazón del Hijo y de la Madre descubren y se
trasmiten en aquellas miradas.
¡Señor!, que en mi duro
caminar tenga yo encuentro semejante. Yo también quiero mirarme en los ojos de
tu Madre y comprender lo que es dolor y no lamentación. Enséñame, Señor, a que
en la mirada de tu Madre encuentre la fuerza de destrucción para salvar cuantos
obstáculos me cierren tu camino. Enséñame también que, en esa mirada, encuentre
la razón divina para rechazar las sinrazones humanas; pero sabiendo dejarme con
lo amargo. Enséñame, en fin, a no cerrar los ojos ni esconder el corazón para
hallar en ese sublime mirar el tesoro que yo rehuyo, y que sin embargo, Tú, me
ofreces constantemente.
Padre Nuestro, Ave María
y Gloria.
5ª ESTACIÓN. Jesús ayudado por Cirineo.
Verso: Te adoramos,
Cristo, y te bendecimos.
Respuesta: Porque
con tu Santa Cruz redimiste al mundo, y a mí pecador. Amén.
Jesús sufre
la amargura de la soledad. No hay quien le tienda la mano. Nadie le presta
ayuda. Y si hay alguno que puede, se niega.
El vigor de
sus fuerzas se va agotando y es casi imposible que pueda continuar. Los soldados
solicitan la colaboración de un campesino que por allí pasa y éste no quiere
ayudarle. Es Simón de Cirene que se niega a aliviar a Jesús de tan horrible
peso. Sin embargo, le amenazan y se ve obligado, lleno de indignación, a coger
la cruz por un extremo.
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¡Señor!,
nadie se acuerda de lo mucho que Tú ayudaste a lo largo de tu vida. Todo el que
te solicitaba conmovía tu corazón y tendías generosamente tu mano. En cambio,
ahora tienes la respuesta; ¡abandono absoluto!.
¡Que
ingratitud, Jesús! Pero no. Esto no puede, no debe continuar así. Yo estoy
dispuesto desde ahora a llevar tu cruz; y no solo de un extremo y obligado sino
enteramente y por amor. No quiero tomar ligeramente la punta de tu cruz para
cumplir deberes o conveniencias llenas de error. No quiero pesos humanos que
divinamente no peses. ¡Dame tu cruz, Jesús!, pero también con el peso que le
corresponda a mis semejantes.
Padre
Nuestro, Ave María y Gloria.
6ª ESTACIÓN. La
Verónica limpia el rostro de Jesús.
Verso: Te adoramos,
Cristo, y te bendecimos.
Respuesta: Porque
con tu Santa Cruz redimiste al mundo, y a mí pecador. Amén.
La cruz le
oprime horriblemente. Su rostro va sudoroso, ensangrentado. La Verónica,
compadecida, limpia el rostro de Jesús, y, cuando retira el lienzo van marcados
los rasgos de su divina Faz.
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Así
responde el Señor a quien a tenido una decisión amorosa para Él. Una entrega en
momentos de dificultad, hace que Jesús se imprima en el alma para grabarse
entrañablemente.
Ya que Tú,
Jesús, correspondes con ese amor tan profundo y delicado, yo deseo desde ahora
grabarme también en tu alma. Para ello ayúdame a no pensar siempre en mí, aunque
en mí tenga que morir. Que sepas agradecer las razones de afecto, las pruebas de
amor, y las que no los son, también. Que ame a quien enjugue mis penas, pero que
ame más a quienes me las proporcionen; solamente así, en este tu amargo
sufrimiento, podré conseguir mi deseo de amor hacia Tí y hacia mis semejantes.
¡Que yo también sepa devolver un rostro!
Padre
Nuestro, Ave María y Gloria.
7ª ESTACIÓN. Jesús cae
por segunda vez.
Verso: Te adoramos,
Cristo, y te bendecimos.
Respuesta: Porque
con tu Santa Cruz redimiste al mundo, y a mí pecador. Amén.
Otra vez
sus rodillas se hieren al sufrir la dureza del golpe. De nuevo sus labios sufren
el impacto de la sequedad del sendero. Jesús va agotado. Las turbas contemplan
el espectáculo. Se mofan. Pero Él hace un esfuerzo, se levanta y continúa.
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En el
camino de nuestra vida caemos muchas veces. Y nuestra debilidad nos hace besar
todo el mundo, pero no lo besamos por nuestra débil flaqueza, por el descuido,
sino que nos revolcamos para masticarlo con agrado y complacencia.
Jesús ha
caído nuevamente. Y ha caído para que yo sepa levantarme con más fortaleza
después de mis caídas. Las caídas de Jesús son tan suaves que encierran una
belleza imposible de descubrir. Esta segunda tiene mucho de ello. ¡Señor! te
pido que me hagas comprender el porqué de esa belleza, de esa hermosura en
el dolor. ¡Préstame algo de ello!, porque deseo levantarme no solamente por mí
sino también por los demás. Dilata, engrandece el alma que un día me diste, para
que no me convierta en un pasivo espectador de tu vida, y... ¡mucho menos de tu
Pasión!
Padre
Nuestro, Ave María y Gloria.
8ª ESTACIÓN. Jesús habla
a las mujeres de Jerusalén.
Verso: Te adoramos,
Cristo, y te bendecimos.
Respuesta: Porque
con tu Santa Cruz redimiste al mundo, y a mí pecador. Amén.
Aunque su
angustia es horrorosa el alma de Jesús se mantiene tranquila. Habla con las
piadosas mujeres las alecciona, las consuela. He aquí como la generosidad de
Jesús es ilimitada. Él, se olvida de sus dolores sintiendo el fuego amoroso de
calmar los nuestros.
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Tú, Jesús,
desprecias tus dolores por mi consuelo; yo, en cambio, prefiero mi
consuelo a tu dolor.
¡Jesús
mío!, haz que desaparezca en mí esa mezquindad. Todos tenemos en la vida alguna
hora de angustia y desesperación y todo nuestro sentir y vivir se concentra bajo
su influencia. Pero Señor, ayúdame a conservar tu serenidad y a imitar tu
generosidad.
Que sepa
ser bálsamo en la desesperación y que sepa también olvidarme de mí prestando
consuelo a otros cuando más lo necesito yo. Enséñame a mitigar dolores, y... ¡no
los míos precisamente! Que tu lección me sirva para una entrega generosa y que
ésta sea tu consuelo.
Padre
Nuestro, Ave María y Gloria.
9ª ESTACIÓN. Jesús cae
por tercera vez.
Verso: Te adoramos,
Cristo, y te bendecimos.
Respuesta: Porque
con tu Santa Cruz redimiste al mundo, y a mí pecador. Amén.
De nuevo
Jesús desfallece.
Otro
abandono más por si eran pocos: el físico. A pesar de ello vuelve a levantarse y
lleva la cruz hasta el final. Jesús no hace este esfuerzo para abreviar su
sufrimiento. Está entregado a la voluntad del Padre, y camina... camina
despacio... porque son muchos los pecados de los hombres, ¡muchas almas que
redimir! Y antes de llegar a la angustia espantosa de la muerte, me avisa con el
sublime pero amargo mensaje de su tercera caída, porque sabe que más tarde le
voy a traicionar.
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Y Jesús, ¡grande!..., cae
humildemente.
Y Jesús, ¡inmenso!..., cae
amorosamente.
Y yo, continúo con caídas que
ultrajan su bondad. ¡Señor!, levántame, que sepa continuar tu camino sin temor a
la lentitud. ¡Que aproveche todo momento de dolor y lo amplíe en lugar de
acortarlo! Que esta última caída me haga comprender tan hermoso aviso para saber
levantarme y de nuevo comenzar mi camino por Ti y en Ti. ...Pero igual que Tú:
¡sin prisa!
Padre Nuestro, Ave María y
Gloria.
10ª ESTACIÓN. Jesús es
despojado de sus vestiduras.
Verso: Te adoramos,
Cristo, y te bendecimos.
Respuesta: Porque
con tu Santa Cruz redimiste al mundo, y a mí pecador. Amén.
El
sufrimiento de Jesús se acentúa cada vez más. Ahora solo le falta sufrir la
amarga prueba de un despojo: le roban violentamente sus vestidos; se los
arrancan a tirones y le ultrajan el pudor humano de su cuerpo ante la pública
afrenta y las risas del populacho. ¡Y se los reparten echando a suertes!
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Todos,
Señor, luchamos tenazmente para evitar el expolio de nuestras cosas en la vida
terrena. A veces permanecemos impasibles cuando nos expolian tu ideal, si se
trata de alguna conveniencia...
¡Qué
vergüenza, Señor! ¡Y que dolor!
Hazme,
Jesús, recordar este tu amargo sufrimiento cuando se trate de mi expolio, y del
que yo pueda hacer a los demás; cuando se desconfíe de mi mejor voluntad y se
formen sobre mí conceptos llenos de error; cuando, para encubrir satisfacciones
y conveniencias, se le dé un giro malsano a mis buenas disposiciones; cuando sea
víctima de la burla ante el placentero sentir humano; y sobre todo, cuando por
parte de quienes me rodean no haya comprensión.
Tú, Jesús,
has padecido por mí este oprobio, esta injuria sangrante del expolio. Pero
quiero participar en el reparto de tus vestidos; y así lo deseo, porque cuando
Tú te los dejaste arrebatar, fue por algo que no alcanzo a comprender. Te pido,
en cambio, que me des fortaleza para saber arrancarme como único despojo de mis
miserias ese querer "ser" que tanto me aleja de Ti, cubriendo engañosamente lo
que sin Ti, no es mi pudor.
Padre
Nuestro, Ave María y Gloria.
11ª ESTACIÓN. Jesús
clavado en la cruz.
Verso: Te adoramos,
Cristo, y te bendecimos.
Respuesta: Porque
con tu Santa Cruz redimiste al mundo, y a mí pecador. Amén.

Le
crucifican. Hincan la cruz en la tierra y le ponen en alto manando sangre sus
manos y sus pies horriblemente traspasados. No puede alcanzar mayor grado de
maldad, la vejación humana. Jesús queda prácticamente inmóvil. Pero todavía no
le abandonan algunos sentidos para su mayor tormento: Tiene sed; contempla en su
agotado y dulce mirar la inconsecuente y sangrienta ocupación de los hombres.
¡De los que
aman! ¡De los que perdonan y piden perdón para ellos! ¡De los que justifican
ante el Padre! "¡Perdónalos, Padre mío, porque no saben lo que hacen!
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¡Que
grandeza la tuya, Jesús! Pero todavía te queda más: ¡tu AGONÍA!
Es la hora
tercia. Hora del mundo. Hora del Crucificado que abre las puertas de la VIDA
ETERNA, y... hora en que los hombres realizamos nuestra obra para evadirnos
siempre de ella.
¡Señor!,
soy reo de tu agonía. Soy culpable de tan horrendo delito y no tengo derecho a
evadirme aunque así lo desee mi voluntad. Quiero agarrarme a tu Pasión y ponerme
a tus pies para servirte amorosamente.
Me has
hecho prisionero en tu gran batalla de amor. Sin embargo, esta libertad que tan
generosamente me regalas, solo deseo utilizarla para permanecer a tu lado. Por
eso, si alguna vez inicio la deserción tratando de llevarme tu rescate,
acuérdate, entonces, de que aquellas palabras que dijiste a quien tenías a tu
lado. Házmelas recordar para que si mi éxodo se realiza, sea únicamente hacia
Ti.
"En verdad
te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso".
Padre
Nuestro, Ave María y Gloria.
12ª ESTACIÓN. Jesús muere
en la cruz.
Verso: Te adoramos,
Cristo, y te bendecimos.
Respuesta: Porque
con tu Santa Cruz redimiste al mundo, y a mí pecador. Amén.
Ha muerto.
"Todo está consumado".
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Eres mi
Redentor, Señor. Eres mi Salvador. Tú me has redimido, me has salvado y has
respondido por mí. Sin embargo, ahora falta mi respuesta.
Pero aquí
no caben fórmulas humanas. A esta tu obra iniciada en Belén y terminada en el
Calvario, no le caben respuestas adecuadas de nuestro parecer o sentir. Tú sabes
muy bien como hemos respondido los hombres a tus pruebas de amor, y cómo estamos
respondiendo a tus méritos por habernos salvado: ¡Nos encogemos de hombros! El
mejor, cierra los ojos, no quiere saber nada y confía en que le has de deparar
una buena "última hora" por aquello de tu misericordia.
Cierto que
es infinita. Pero... ¿es que la merezco?.
¡Perdona,
Señor, tan destemplados errores! Podría dar mi vida a diario sin que nadie se
percibiera; podría ofrecer mis dolores en el más absoluto de los silencios.
¡Señor,
infúndeme fortaleza para conseguir estos propósitos! Que mis muertes diarias
sean por los demás, y todas las contrariedades que me lleven a ese morir sean el
centro de mis alegrías. Unicamente de esta forma alcanzaría mi deseo: ¡Responder
como Tú quieres!
Padre
Nuestro, Ave María y Gloria.
13ª ESTACIÓN. Jesús es
bajado de la cruz.
Verso: Te adoramos,
Cristo, y te bendecimos.
Respuesta: Porque
con tu Santa Cruz redimiste al mundo, y a mí pecador. Amén.

No es un
hombre física y humanamente hablando lo que han desclavado de la cruz. Es un
cuerpo destrozado, un despojo de nuestra humanidad. A pesar de tan horrible
aspecto, ¡que sensación tan sublime debió sentir José de Arimatea en aquel
primer contacto con la LUZ en sus brazos!: gravedad, sangre, locura, amor,
redención...
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Y José lo
deposita en brazos de su madre. ¡Ya le tienes ahí, María! Pero no es José quien
te lo ha devuelto así, sino yo.
Ese costado
abierto, es mi ambición; esas sienes espantosamente perforadas, son mis
pasiones; esa boca fría y esos labios amoratados, son mis expresiones; ese
cuerpo descoyuntado, yerto y ensangrentado, es, en fin, el balance de mi vida.
¡Jesús
mío!, no seas mi juez! ¡Piedad!
... Pero
Jesús, que yo comprenda la magnitud de tu amor y sepa desde ahora depositarte en
los brazos de tu Madre de tal forma que ella y Tú me sonriáis.
Padre
Nuestro, Ave María y Gloria.
14ª ESTACIÓN. Jesús es
sepultado.
Verso: Te adoramos,
Cristo, y te bendecimos.
Respuesta: Porque
con tu Santa Cruz redimiste al mundo, y a mí pecador. Amén.
Aquí queda
el Dios de la Redención. Ahí está el Dios de la inmensa locura de amor. El que
se hizo mi semejante para bajar a la tierra y salvarme. Sepultado y en la más
espantosa de las soledades.
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¡Pero
Señor!, ¿Qué es esto? ¡Hasta donde llegas, y... hasta donde he llegado yo con mi
inicua respuesta!
He
enfrentado mi miserable tiranía con tu sublime grandeza. Yo me instituyo
"grande" con toda la amplitud de una vida, la libertad, los sentidos y..., Tú,
bajo una losa ¡y prestada!, te quedas sepultado porque no tienes más que dar.
¡Dios mío!,
ayúdame, sí, porque después de tu paso no cabe respuesta humana. Pero Señor, que
yo sepa renunciar a todo lo que me pueda satisfacer. Que ni siquiera de prestado
me quede la humana recompensa. ¡NADA!
... Te he
dicho nada, Señor, y sin embargo siento el ardor de una exigencia: Hazme, al
menos, el más pequeño imitador de tu Pasión.
... Pero en
silencio.
Padre
Nuestro, Ave María y Gloria.
ORACIÓN FINAL
Oh Señor
que, por la preciosa sangre de tu unigénito hijo, quisiste santificar el signo
vivificante de la Cruz: te rogamos nos concedas que aquellos que se glorían en
esta Santa Cruz, sean defendidos en todas partes por tu protección. Por el mismo
Jesucristo Señor Nuestro.
Amén.
Por las
intenciones del Romano Pontífice para ganar la indulgencia.
(Padre
Nuestro, Ave María y Gloria)
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