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POESÍAS
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MAÑANA DE AMARGURA
- Doraba la luna el cielo
- fresco de la madrugada.
- Las estrellas se morían
- rozando la mañana.
- ¡Que noche tan triste,
- que noche tan larga!
- Por fin brillan los
lirios
- envueltos en luz del
alba.
- Las golondrinas se
escuchan
- en esta mañana clara.
- En tu pecho, una
espada.
- Dolor infinito
- que te inunda el alma.
- ¡Oh Virgen de la
Amargura
- en esta mañana Santa!
- Contemplando tu rostro
- enmudecen mis palabras.
- Contemplando tu rostro
- respira tu fragancia.
- ¿Y tus manos?...
- Florecen como azucenas
- para sostener el nácar
- y un pañuelo de
amargura
- que se viste de
lágrimas.
- Solo estando en Ti
- se calman mis ansias,
- pero... ¿qué darte
pudiera yo
- más que terciopelo y
plata?
- ¡Oh Virgen de la
Amargura!
- Ilumina hoy mi alma,
- pues sólo un Ave María
- de mis labios escapa.
(María Hernández Vera)
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MOMENTOS DE AMARGURA
- ¡Oh, Virgen de la
Amargura!
- Que triste es tu camino
- viendo nacer el Silencio,
- viendo morir a tu hijo.
- Ese rostro de amargura
- con suspiros contenidos.
- Ese corazón de madre
- con amor infinito.
- Aliento para darle vida,
- ya, más muerto que vivo...
-
- Como agujas de escarcha
- que hieren a los lírios,
- la espalda de tu pecho
- atraviesa un abismo.
-
- Un abismo de amargura
- que ilumina los cirios.
- Un abismo de miradas
- hacia la Cruz de tu hijo.
-
- ¡Oh Virgen de la Amargura!
- Nunca quiero olvidar
- lo que siento ahora mismo.
(María E. Hernández Vera)
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SILENCIO
- Silencio, silencio,
- Se me encoge el alma;
- Ya sale a la calle
- Mi Cristo de la Luz.
- Con su corona de espinas,
- Sus pies y manos desgarradas
- En ese madero de vida.
- Silencio, silencio,
- Se me encoge el alma.
- Lo miro y me emociono,
- Al ver su cuerpo torturado.
- Y en silencio,
- Se me encoge el alma.
(M.P.)
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VESTIDO DE LUZ
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En la noche del Jueves Santo
- aparece un cielo hundido,
- con la luna de plata
- y los luceros fríos.
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-
¿Dónde quedaron las Palmas?
- ¿Dónde las ramas de olivo?
-
- Tiembla un triste silencio
- con los gritos cautivos.
- En el aire se ha refugiado
- en los rincones sombríos.
-
- ¿Porqué la penumbra
- asustada se fue y no vino?
-
- El camino lo marcan
- las llamas de los cirios.
- Los pinceles de la escarcha
- han dibujado los brillos.
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- En una sola noche…
- ¿Porqué tanto, Dios mío?
-
- Sobre abanicos de luces
- va su cuerpo encendido.
- Sobre abanicos de flores
- esta su cuerpo malherido.
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- ¡Oh Cristo de la Luz!
- En la noche del Jueves Santo,
- Tú, vestido de Luz,
- Yo vestida de llanto.
María E. Hernández Vera
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Amargura; Virgen pura
- que del Cristo de la Luz
- la mejor Madre eres tú
- por tu cariño y ternura
- desde el Pesebre a la Cruz.
-
- Tu imagen es Bendecida
- con solemnidad patente,
- para ser en nuestro ambiente
- la titular preferida,
- la bendita y la querida
- con el gozo más ferviente.
-
- Señora de la Amargura,
- Reina de nuestra Hermandad,
- la Madre de más bondad
- por Inmaculada y pura,
- depósito de dulzura
- canal de benignidad.
-
- El Cristo de la Luz
- y la Amargura
- llenarán de esplendor
- la noche oscura.
- Pues a su paso,
- por donde ellos pasan
- no existe ocaso.
-
- En la Semana Santa
- del dos mil tres,
- nuestra Hermandad, seguro,
- crecerá en fe.
- Esto lo augura
- el amor a la Virgen
- de la Amargura.
-
- El lema que tendremos
- será de altura,
- porque será lo nuestro
- Luz y Amargura.
- Nos honraremos,
- con estas dos imágenes
- que más queremos.
-
- Viva el Cristo de la Luz
- y la Amargura,
- de nuestra Cofradía
- prenda segura.
- Y porque si,
- queremos que los vea
- todo Guadix.
-
- Fray Tobías
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VIRGEN DE LA AMARGURA
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- ¡Oh madre de la Amargura
- el mejor de los luceros!
- ya estás con nosotros.
- Así, tan bella,
- con la dulce amargura
- que dibujaban mis sueños.
-
- En ellos, veía tus ojos
- puros de azabache negro.
- Oía el amargo suspiro
- que encierra tu pecho.
- Imaginaba tus labios
- un poco entreabiertos.
- Y las manos… de madre,
- con ternura en los dedos.
-
- Mas nunca…
- nunca quise imaginar en tu rostro
- esas lágrimas cayendo
- que bañando tus mejillas
- susurran un lamento.
- Sólo una plegaria,
- una oración, un rezo.
- Luz y Amargura
- que el alma las tiene dentro.
-
- ¡Oh madre de la Amargura
- el mejor de los luceros!
- ya estás con nosotros.
- Así, tan bella,
- con la dulce amargura
- que dibujaban mis sueños.
-
- ¡Ya mi Cristo de la Luz!
- Ya tienes tu consuelo,
- ya tienes en Santiago
- un trocito de cielo.
-
- ¡Oh madre de la Amargura…
- el mejor de los luceros!
-
- María
E. Hernández Vera
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SAETA AL CRISTO DE LA LUZ
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- Mira los hombros dolidos
- Santo Cristo de la Luz
- de estos hombres costaleros (bis)
- que están al pie de tu Cruz.
-
- Mira que paso te llevan
- y el resplandor de la Luz
- cómo se ilumina el trono (bis)
- cómo se mece tu Cruz.
-
- Dales fuerzas, dales fuerzas
- que en su corazón vas Tú
- esta noche sólo piensan (bis)
- en su Cristo de la Luz.
- Levanto a ti mis ojos
- a mi Cristo en procesión
- Santo Cristo de la Luz (bis)
- en el Jueves de Pasión.
-
- Bajo la luna llena
- y al compás de un tambor
- miradle crucificado (bis)
- entre espinas y dolor.
-
- Miradle como lo llevan
- entre silencio y fervor
- mirad su cuerpo herido (bis) traspasado de
dolor.
- María
Hernández Vera
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MI CRISTO DE LA LUZ
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- Santo Cristo de la Luz,
- Cristo mío y accitano.
- Tú, mi Cristo de la Luz,
- el de horquilleros y hermanos.
- Cristo que sabe de penas,
- Cristo que sabe de llantos,
- Crucifijo del altar
- en la Iglesia de Santiago
- ¡Ay! ¡Mi Cristo de la Luz
- en el día de Viernes Santo!
-
- Ten piedad de mí, Señor,
- que al saberme sin amparo,
- te fui volviendo la espalda
- persiguiendo un milagro.
- Me olvidé de tu “silencio”
- de que a hombros eres llevado
- y del trono encendido
- en la noche del Jueves Santo.
-
- Vuélveme a mirar de nuevo
- y perdona mis pecados
- compréndeme, que soy hombre,
- que estoy compuesto de barro
- y quizás, por eso mismo,
- te dejé, te fui olvidando.
- Pero en el fondo del alma
- cuando estaba en pleno llanto,
- cuando nadie en este mundo
- me quiso estrechar la mano,
- en Ti, mi Cristo de la Luz,
- en mi Cristo de Santiago
- encontré al único amigo
- capaz de abrirme los brazos.
- María E.
Hernández Vera
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SEMANA SANTA DE UN NIÑO
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- Papá, mira el cielo
- está la luna llena
- ¡ya es Semana Santa!
- ¡claro, es primavera!
-
- Mamá dame mi capa
- y mi túnica nueva.
- Yo quiero ser penitente
- y llevar una gran vela.
-
- Mamá, ¿el Señor no se ríe?
- ¿siempre tiene pena?
- No hijo, también es feliz
- cuando ve personas buenas.
-
- Pues entonces voy a ser bueno,
- y también los niños de mi escuela,
- para que el Cristo de la Luz
- se ría y yo lo vea.
-
- Papá, ¿el Señor pesa mucho
- con su trono de madera?
- No importa hijo mío,
- el Cristo me da fuerzas.
-
- Pues cuando yo sea grande
- ¡aunque me suba en la acera!
- lo llevaré siempre a hombros
- y lo tendré mucho más cerca.
-
- Mari
Hernández
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LA CATEDRAL AL CRISTO DE LA LUZ
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- Ya suenan los tambores,
- ya se oyen las trompetas,
- llega el Cristo de la Luz,
- ¡traedlo que lo vea!
- Ponedlo frente a frente
- que me mire entre rejas,
- entre columnas de cinco siglos
- y jarrones de azucenas.
- ¡Levantad el Cristo a pulso!
- ¡Levantadlo que lo vea!
- Mecedlo con paso firme
- entre las túnicas negras,
- mecedlo con paso lento
- que le cantan una saeta.
- Pero... ya se va alejando
- entre plata y madera,
- ya se va alejando
- entre ecos de trompetas.
- Yo… quedo aquí inmóvil,
- adosada y quieta.
- Cuidaré mis flores,
- haré ramos de azucenas,
- para dárselos al Cristo
- cuando pase en primavera.
-
- Mari
Hernández
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-
AMOR
-
- Oh, Cristo de la Luz, crucificado,
- para sufrir así por nuestro amor
- y ser de esta manera el Redentor
- más sufriente, más justo y entregado.
-
- Ese Verbo de Dios humanizado
- para ser nuestro digno Salvador
- en el campo cruento del dolor
- fuente donde tu amor nos ha lavado.
-
- Por eso con tu Luz nos iluminas,
- y nos llenas de gracia con tu acción
- y con tu dirección nos encaminas.
-
- ¡Oh, Cristo de la Luz! Tu devoción,
- nos concede las formas más divinas
- de vivir nuestra fe con ilusión.
- Fray
Tobías
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¡¡PERDÓN SEÑOR… PERDÓN!!
-
- Noche de silencio
- noche de Luz y sombra
- noche oscura, noche ardiente.
- Espinas bañadas de sangre,
- espinas divinas de la eternidad,
- quien pudiera ser espina
- para rodear tu cabeza,
- quien pudiera ser pañuelo
- para absorber tu dolor.
- Tres clavos por mi culpa,
- golpes por mi pecar,
- soy la pecadora
- que con dolor fuiste a salvar.
- Quien pudiera ser madero
- para sostenerte en mis brazos,
- para sentirte, para aliviarte.
- Quien pudiera
- apoyar la cabeza sobre tu hombro,
- y sentirte respirar, escuchar tu voz.
- Hoy de penitente voy,
- y oigo tu respirar
- entre el vuelo de mi capa,
- tu voz en cada paso que doy,
- con hábito morado
- como tus heridas,
- con hábito negro
- como tu dolor,
- eres Tú mi Cristo,
- MI CRISTO DE LA LUZ,
- Luz que me llama
- a arrodillarme ante tus pies,
- abrazarte y suplicarte
- ¡¡PERDÓN SEÑOR,… PERDÓN!!
- Inmaculada Hernández Vera
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-
OTRA MADRUGADA MÁS
-
- … y otra madrugada más que salgo a tu
encuentro,
- camino por las calles de esta ciudad
- y como siempre,
- mi parada está en el Arco de San Torcuato,
- calle centenaria, llena de historia,
- y sentimientos;
- caía una cálida lluvia
- ante la oscuridad que la noche me iba
ofreciendo,
- las luces se apagan
- y se hace, un enorme SILENCIO,
- y por algún lugar de la ciudad
- el STMO. CRISTO DE LA LUZ
- despacito,
- sus calles va recorriendo;
- y aparece después de un tiempo por el
citado arco,
- poco a poco la calle de LUZ va iluminando
- con los farolillos que los penitentes te
van encendiendo,
- ¡Majestuosa imagen,
- que a cada paso que das te elevas hacia el
cielo!,
- avanzas hacia mí
- y noto como la emoción
- embarga los corazones de tus costaleros,
- ESOS que te mecen
- y que parece que te dan vida con sus
balanceos,
- todo en TI es bello,
- tu rostro, tus flores, tu trono y hasta el
SILENCIO,
- pero algo me conmueve al mirar tu cara,
- ¿lloras,
- o solo son gotas de lluvia que sobre TI
van cayendo?
- ¿lloras por las guerras,
- porque los humanos no nos queremos?
- ¿lloras porque nos mueve la vanidad, el
orgullo
- y la hipocresía que poco a poco vamos
- adquiriendo?
- no llores,
- no nos expreses así tus dolores y
sentimientos
- seca tu cara con el manto de FE de los que
en TI creemos
- y abriga tu cuerpo desnudo con los
corazones de tus costaleros
- ayúdanos a superar estos baches
- que la vida día a día nos va ofreciendo,
- y sigue llenando de LUZ las madrugadas de
Viernes Santo
- como sólo TÚ sabes hacerlo;
- de pronto siento un cosquilleo en mi mano,
- miro hacia abajo y veo a mi hijo pequeño:
- ¡Mamá el Cristo se va!
- ¿podemos verlo de nuevo?
- Majestuosa imagen que desde este lugar
- donde la oscuridad de nuevo va apareciendo
- te pierdes de mi vista,
- volviendo cualquier esquina
- y dejando atrás,
- SILENCIO,
- y nos vamos quedando solos
- en aquella calle que vuelve a ser oscura
- pero con una promesa en mi pensamiento
- ¡Si Dios quiere,
- el año que viene volveré al Arco de San
Torcuato
- a verte de nuevo!
- F.S.G.
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-
NOCHE DE JUEVES SANTO
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- La luna de par en par
- por los tejados va asomando
- queriendo ver al Cristo
- sobre el madero clavado.
- Ya le mira la frente,
- ya los pies y el costado,
- las espinas de la corona
- y la sangre de las manos.
- Con lágrimas de rocío
- la luna esta llorando.
- Pero lo hace bajito
- apenas… suspirando.
- No quiere herir el silencio,
- el Cristo está desfilando.
-
- Mas la luna se detiene
- en la Puerta de San Torcuato,
- y con leves susurros
- al Arco está preguntando:
- “Dime que sientes
- arco milenario,
- viendo pasar al Cristo
- en la noche de Jueves Santo”.
-
- -¡Ay si yo hablara
- como hombre o como niño! ...
- te diría lo que siento
- viendo pasar al Cristo.
- Pero debo guardar silencio,
- esta noche yo vigilo
- que el Cristo me atraviese
- a paso lento y mecido.
-
- ¡Míralo como camina!,
- muerto pero erguido,
- perfumado de incienso
- y rodeado de lirios.
- ¡Arriba costaleros!
- ¡Con fuerza, levantadlo!
- Que la luna de par en par
- desde el cielo la está mirando.
- María
Hernández Vera
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-
A LOS HERMANOS MENORES
-
- Hacían volar sus capas
- apenas cinco primaveras.
- Avanzaban con paso firme
- y el corazón lleno de fuerzas.
- Sus párvulas manos
- colmadas de inocencia,
- aprisionado tenían un cirio
- que lloraba ardiente cera.
- Las palabras que nacían
- entre sus bocas y la tela,
- esbozaban para el Cristo
- oraciones todas nuevas.
- Ejemplo de penitente,
- ¡Imitaros, quien pudiera!
- para vestirse de niño
- bajo la túnica negra
- María
Hernández Vera
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MIRANDO AL CRISTO
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- El trono se ha encendido,
- ¡Qué se siente, oh Señor!
- ver la luz bañar tu cuerpo
- agotado en la Pasión.
-
- Quien pudiera abrir tus ojos,
- quien pudiera oír tu voz,
- limpiar tu cuerpo herido
- traspasado de dolor.
-
- El “silencio” estremece,
- enardece el resplandor,
- las lágrimas se escapan
- implorando tu perdón.
-
- Pero entre tanta impotencia,
- ¿Qué se puede, oh Señor,
- sino mirarte resignados
- y ofrecerte una oración?
- María
Hernández Vera
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EL ENCUENTRO
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- El Cristo ya está en la calle
- Viernes Santo por la mañana.
- Aún rezuma el “Silencio”
- en el perfil de su cara.
- Las flores no han despertado
- dormidas de madrugada,
- y un puñado de palomas
- en sus pies aguardan.
-
- El Cristo se ha detenido
- junto a la escalinata
- esperando ver un palio
- y un corazón de plata.
- La Virgen de los Dolores
- de negro y enlutada,
- presurosa baja la cuesta
- con las manos entrecruzadas.
-
- ¡Por fín es el encuentro!
-
- Ya han alzado su vuelo
- las veinte palomas blancas.
- Ya se posan en los pies
- ya se posan en la cara.
- Revolotean entre los dos
- enjugándose las lágrimas.
- Y han despertado las flores
- que dormían sobre la plata,
- los claveles, los lirios,
- las campanillas moradas.
-
- Al Cristo de la Luz
- la Virgen lo acompaña,
- van marchando a paso lento
- Viernes Santo por la mañana.
- María
Hernández Vera
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-
NOCHE DE JUEVES SANTO
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- Cuando la noche se pone
- morada, con la luz difusa,
- el viento se va meciendo
- entre largas capas oscuras.
-
- Al Cristo de bello rostro,
- sumido en su angustia,
- la muerte le está mirando
- de la cabeza a la cintura.
-
- Noche de Jueves Santo,
- Silencio, oración y luna.
- ¡Oh, mi Cristo de la Luz!
- ¿por qué tanta amargura?
- María
Hernández Vera
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-
NOCHE SANTA
- La noche presta sus sombras,
- los cirios su llama,
- el cielo las estrellas
- y una luna de fría plata.
-
- Mas yo ni siquiera puedo,
- en esta noche
- que dicen ser Santa,
- ver la sangre en tus rodillas,
- en tus manos, en tu cara….
-
- Sólo el incienso sabe
- acariciarte sin tocarlas.
- Sólo las flores te miran
- sin entender lo que pasa.
-
- Herido está el silencio
- por cien nubes de espadas.
- Son las notas de las saetas
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