Hermandad del Santísimo Cristo de la Luz y María Santísima de la Amargura.
Parroquia de Santiago - Guadix .
 

HERMANDAD

Inicio
Bienvenida
Nuestra Sede
Historia
Cultos
Est.Penitencia
Curiosidades
J. de Gobierno
Álbum de fotos
Noticias
T. de Anuncios
Poesías
Enlaces
Colaboraciones
Vía Crucis
Pregón
AMARGURA
 
GUADIX COFRADE
Hermandades
Actualidad
Agenda Cofrade
Cartelería
Foros
Vídeos
Imágenes 2007
Imágenes 2008
 
SERVICIOS
Calendario
Diccionario
El Tiempo
 
DE TURISMO POR GUADIX
Historia
Monumentos
Mapas
Álbum fotos
Fiestas
Enlaces
Alojamientos
 
Correo

 

 

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES


EL ORIGEN DEL NOMBRE: "CRISTO DE LA LUZ"

    Durante la Guerra de la Independencia (comienzos del siglo XIX) era conocido que los franceses, al ocupar las ciudades españolas saqueaban las iglesias y destrozaban sus imágenes. Por este motivo, y ante la inminencia de la ocupación de Guadix por las tropas napoleónicas, se ocultaron muchas imágenes y objetos religiosos para su protección.

    Entre estas imágenes se encontraba un Cristo (hoy de la Luz), que fue escondido en una casa en la calle de la Gloria, junto a lo que hoy es la farmacia. Para ocultarlo se construyó una doble pared en cuyo hueco colocaron la Imagen y, como suele ser costumbre, le encendieron una lamparilla de aceite.

    Finalizada la Guerra, y de forma accidental, al realizar unas obras en dicha vivienda, fue encontrada la Imagen que años antes habían emparedado, observando con sorpresa que la lamparilla continuaba encendida. Este suceso milagroso es el que llevó a bautizar a este Cristo como "Cristo de la Luz".

    Ya en este siglo, al procesionar la Santa Imagen, se tenía por costumbre que, el Viernes Santo, el Cristo de la Luz, al subir la cuesta, se desviara de su camino para colocarse frente a la casa donde fue escondido, para después continuar su recorrido.

    Según cuenta un costalero de aquella época (años 1956-57), Torcuato Pérez Marcos, alguna vez y debido al cansancio de la noche anterior, al terminar de subir la cuesta de San Antoñico decidieron continuar el camino sin volverse a colocar el Cristo frente a dicha casa y notaron como que se les hacía el trono mucho más pesado, que no podían. Entonces volvieron el trono, lo colocaron frente a la casa y posteriormente siguieron su camino con normalidad.

    Hoy día se está recuperando esta tradición y el recorrido del Vía-Crucis que celebra la Hermandad incluye una parada frente a esta vivienda.

 

ANTIGUOS ESTATUTOS (1926):

    Artículo 4 ( DERECHOS DE LOS HERMANOS): Todos los que componen esta asociación sin distinción, gozarán de los mismos derechos, a saber, asistencia de la Hermandad a sus respectivos entierros, percibir la cuenta de cincuenta y cinco pesetas, y lo que se recaudara por imposición de multas a los que faltaren a dicho acto del entierro, o al de la compañera.

 

LA IMAGEN DEL CRISTO DE LA LUZ

    La imagen del Santo Cristo Crucificado, que recibió el nombre de Cristo de la Luz después del milagroso suceso que narrábamos antes, fue destruida, como tantas otras, en los primeros días de la Guerra Civil Española (segunda quincena de julio de 1936).

    Al finalizar la Guerra, fueron encontradas dos piezas de la Imagen: un trozo de antebrazo y mano, al que le faltaban los dedos, y una pierna de la rodilla para abajo, también con los dedos del pie deteriorados.

    Fue voluntad de una familia muy vinculada a nuestra Hermandad, concretamente tres sobrinos de Doña Modesta Gil y Rojas (que anteriormente había donado un trono de plata para la Santa Imagen): D. Lorenzo, D. Emilio y Doña Modesta Martínez Dueñas, el que se reconstruyera la Imagen del Sto. Cristo Crucificado.

    El encargo se lo hicieron a un afamado escultor de la Escuela Granadina, al que aportaron como muestra una fotografía del antiguo Cristo y las dos piezas halladas, que pasaron a formar parte de la nueva Imagen. La Imagen fue terminada y expuesta en Granada antes de ser trasladada a Guadix.

    El traslado tuvo lugar en octubre de 1941 (segundo o tercer domingo). La Imagen fue conducida a la antigua Iglesia de la Estación, donde fue desembalada. Desde allí partió en procesión hasta la Catedral, donde el Sr. Vicario general de la Diócesis, D. Francisco Fonseca y Andrade, la bendijo tras una misa.

    Una vez bendecida la Santa Imagen se procedió a su traslado hasta la Iglesia de Santiago, su sede actual. Fue colocada en su capilla titular, junto a la de Ntra. Sra. de las Lágrimas, que también había sido destruida en la Guerra y que también fue posteriormente arreglada por mandato de los hermanos Martínez Dueñas.

(Información: D. Eduardo García Padilla)

    Tras la reforma de la Iglesia de Santiago la Imagen de nuestro Santísimo Cristo de la Luz se colocó en la parte central del Altar Mayor, realzando aún más su presencia y desde donde preside cualquier acto que se celebre en la Iglesia.

 

ANTIGUOS ESTATUTOS (1926):

    Artículo 5 (DEBERES DE LOS HERMANOS): La asistencia a los entierros del hermano o de la hermana es obligatoria y personal bajo la multa de dos pesetas, y solo podrán ser sustituidos en dichos actos, por sus hijos, si tuvieren veinte años y pagarán la multa de dos pesetas los que sin causa justa y razonada dejaren de asistir, que se entregará a la familia del difunto.

 

EL TRONO DEL CRISTO

    Antiguamente, el Cristo de la Luz procesionaba sobre un pequeño trono de madera. El Viernes Santo de 1927 estrenó la Sagrada Imagen un magnífico y suntuoso trono de plata, donado por Doña Modesta Gil y Rojas, que también donó un juego de 6 candelabros plateados para la capilla del Cristo.

    En este mismo año, el trono fue ampliado en su base con un suplemento de madera con apliques de plata, procesionando por primera vez en la feria (desfile habitual del Cristo en aquella época), el 27 de septiembre de 1927.

    En la Guerra Civil, dicho trono corrió la misma suerte que la Sagrada Imagen y el retablo de la capilla, siendo destruido por completo.

    Una vez traída la nueva Imagen, procesionó a partir de 1941 en unas andas provisionales pequeñas. Fue en 1946 cuando estrenó el trono que aún posee y que fue encargado por la Junta de Gobierno de la Hermandad con el voto de confianza de todos los hermanos, siendo Hermano Mayor D. Juan Delgado Roquer, el cual tuvo sus desvelos para reunir la cantidad económica necesaria. La mayor parte fueron donativos, ya que la Hermandad carecía de medios.

    Este trono fue realizado por el artista accitano D. Antonio Ruiz Puertas, ayudado por su hijo el tallista D. Antonio Ruiz Ariza. El trono esta realizado en madera de nogal, barnizado en color cerezo y con apliques de plata.

(Información: D. Eduardo García Padilla)

 

ANTIGUOS ESTATUTOS (1926):

    Artículo 6: Así mismo es obligatorio y personal con el distintivo de la Hermandad, la asistencia a la Solemne Procesión del Viernes Santo sin poder retirarse de dicho acto, bajo la multa de diez pesetas, que ingresarán en los fondos de la Hermandad, como el de acompañar a la Santísima Virgen de los Dolores a la Iglesia de la Concepción al terminarse la procesión de dicho día, y asistir a toda procesión extraordinaria que por justos motivos se acordare celebrar.

 

DESFILES PROCESIONALES DEL CRISTO DE LA LUZ

    La Hermandad del Santísimo Cristo de la Luz procesionó de siempre la mañana del Viernes Santo. Los desfiles procesionales se interrumpieron dos años durante la II República: 1933 y 1936, y posteriormente durante la Guerra Civil.

    Una vez finalizada la contienda, la Hermandad se volvió a reorganizar. Dado que la Imagen fue destruida, en su lugar procesionaron al Cristo de San Francisco (actual Cristo de la Misericordia). A partir de 1942, una vez donada la nueva Imagen por la familia Martínez Dueñas, volvió a salir como siempre la procesión el Viernes Santo con su titular el Santísimo Cristo de la Luz.

    El desfile del Silencio tuvo lugar a partir de 1951, previo permiso del Sr. Obispo D. Rafael Álvarez Lara que autorizó dicha procesión, siendo su hora de salida a las 12 de la noche del Jueves Santo.

    La Imagen del Santísimo Cristo de la Luz también solía procesionar en su festividad, el día 14 de septiembre (la Exaltación de la Santa Cruz). Algunos años se posponía el desfile procesional al 27 de septiembre haciéndolo coincidir con la Feria de Guadix contando, además de la banda municipal, con el acompañamiento de la banda militar que venía a la Feria. Este desfile procesional se mantuvo hasta 1927, a partir de esta fecha sólo se celebra la fiesta de Iglesia.

    Todos estos desfiles se realizaron a hombros del cuerpo de Horquilleros de la Hermandad. A mediados de los años sesenta, como consecuencia de la emigración y fallecimiento y jubilación de los mayores, hubo de ponerle ruedas al paso por no haber suficiente número de los mismos. Este cuerpo se reorganizó en 1980, subsistiendo con entusiasmo hasta la fecha.

(Información: D. Eduardo García Padilla)

 

ROGATIVAS AL CRISTO CRUCIFICADO CON MOTIVO DE LA EPIDEMIA DE 1834

    Los accitanos en momentos de dificultad han acudido a las imágenes más devotas para que intercedan ante Dios en la resolución satisfactoria de un problema. Las rogativas a partir del siglo XVI se celebran por múltiples causas: conflictos bélicos de importancia, fenómenos naturales (sequía, tormentas, terremotos), o por enfermedades infectocontagiosas como el cólera. Por este motivo cuando el pasado 21 de enero de 1995 procesionó a sus patronos, la Santísima Virgen de las Angustias y San Torcuato, lo único que hizo fue retomar una tradición de siglos en nuestra ciudad.

    En el año 1834 se desató en casi toda Andalucía una fortísima epidemia de cólera, que se gesta desde el año 1832 y que produjo grandes estragos en la ciudad con un importante aumento de la mortalidad. Esta llega a Guadix en el verano de 1834, esparciéndose de forma casi inmediata en Guadix y poblaciones de su Obispado.

    En la capital diocesana se empleará un doble tipo de medidas para hacer frente a la epidemia, las de índole exclusivamente sanitario y las de un matiz eclesiástico-popular cifradas en las inevitables rogativas públicas.

    El 29 de junio de 1834, una comisión de once vecinos, en representación de la ciudad, solicitan al presidente y Cabildo de la Catedral de Guadix que "... graduándose los males qe se experimentan en ella, y aun en otros muchos pueblos de las Andalucias hasta el extremo qe V.S.Y. observa; y siendo el único medio qe nos queda pa. aplacar la ira del Señor el rogarle, y pedirle con la mayor instancia pa qe suspenda el azote con qe aflige y amenaza exterminar..."; accediese al traslado a la Catedral de ".. la efigie del SSmo. Cristo Crucificado que se venera en la Parroquial de Santiago, por ser una de las de mayor devoción del pueblo..." Se pretendía celebrar un solemne novenario y rogativas públicas pertinentes. El mismo día 30 a las cinco y media de la tarde, se trasladó la Imagen del Cristo desde Santiago hasta la Catedral en donde se iniciaron las preces y rogativas de costumbre por espacio de nueve días, a cuyo término se celebraría la procesión general de rogativa hasta su templo. En el mes de septiembre la epidemia había remitido tanto, que el propio obispo accitano, José de Uraga Pérez, en una visita pastoral que realizaba en Charches anunció el fin de la misma.

    De este escrito extraemos una consecuencia, y es la importancia que la Imagen del Cristo había adquirido entre los accitanos, acostumbrados a implorar la benevolencia e intersección del patrono San Torcuato en momentos de dificultades. Quizá la popularidad del Crucificado habría que relacionarla con los sucesos de la Guerra de la Independencia en nuestra ciudad, especialmente los relacionados con el convento e Iglesia de Santiago. La Imagen del Cristo para evitar que cayese en manos francesas fue tabicada en una habitación para evitar su profanación, se le dejó una lamparita, que según la tradición permaneció encendida hasta el final de la ocupación francesa. A partir de estos años, la popularidad de la Imagen se va acrecentando, hasta el punto de que la festividad del 14 de septiembre se convierte en todo un acontecimiento público para la ciudad.

(Esta información ha sido elaborada con documentación inédita del Archivo Histórico Diocesano de Guadix)

(Información: D. Santiago Pérez López. Historiador)

 

EL HÁBITO DE LOS HORQUILLEROS

    En los comienzos de los desfiles procesionales del Cristo de la Luz, los costaleros lucían un hábito singular consistente en una túnica de color gris muy oscuro y un turbante. El turbante se lo hacían con un cartón en la frente al que le liaban una tela y que posteriormente echaban hacia atrás, quedando una especie de frontón.

    Esta vestimenta tan característica fue la habitual hasta el año de 1935, último año de los desfiles procesionales de Semana Santa antes de la Guerra Civil.

    Cuando se reiniciaron los desfiles después de la Guerra, año de 1942, algunos antiguos costaleros seguían luciendo su particular hábito, mientras que los nuevos vestían de paisano. Conforme pasaron los años llegó a desaparecer el hábito antiguo, vistiendo cada cual según su criterio.

    Al reorganizarse definitivamente la Semana Santa accitana, año de 1951, se volvió a unificar la vestimenta de los horquilleros, consistiendo ésta en una túnica de color negro, suprimiéndose el turbante.

    Hacia el año 64, fundamentalmente por razones de emigración, tiene lugar una crisis general de costaleros, que afecta a casi todas las hermandades, incluidas las de Granada, y el Cristo pasa a desfilar sobre ruedas desapareciendo el cuerpo de costaleros.

    En 1980 se reorganiza el cuerpo de costaleros y su hábito, basado en el anterior, consiste en una túnica de color negro con cíngulo morado, calzado y calcetín negros y escudo de la Hermandad en el hombro. Posteriormente se introduce también la obligatoriedad de la venera de la Hermandad sobre el pecho.

(Información: D. Eduardo García Padilla)

 

LA VESTIMENTA DEL HERMANO DE LUZ

    En los orígenes de los desfiles procesionales de la Hermandad del Cristo Crucificado, la vestimenta en las procesiones se componía de un traje negro, mostrando un riguroso luto, es decir, chaqueta y pantalón negro, incluso calcetines, corbata y guantes; tan solo la camisa se llevaba blanca. En el año 1928 se le añadió la venera de plata, que se llevaba colgada del cuello.

    Posteriormente, después de la Guerra Civil se retomó esta tradición permitiendo a los hermanos desfilar con traje de tonos oscuros, debido a la austera situación económica de la época.

    Fue en el año 1951 cuando se cambió el traje por la túnica negra y caperuza morada, conservando los calcetines, zapatos y guantes negros. Tan solo los directivos debían llevar capa de color morado. Doce años más tarde se unificó el hábito de penitencia, desfilando todos los hermanos con capa, quedando así establecido hasta nuestros días.

    Los hermanos de mayor edad que no pueden desfilar con caperuza, llevan traje oscuro, haciendo estación de penitencia delante del paso.

    En el turno de vela que nuestra Hermandad lleva realizando muchos años el Jueves Santo por la tarde, se ha mantenido la tradición del traje de luto, al que se le añadió la capa en el año 1963.

( Información: D. Eduardo García Padilla)

 

ANTIGUOS ESTATUTOS (1926):

    Artículo 13: El traje que el hermano ha de vestir para la Procesión del Viernes Santo, ha de ser negro, calzado zapatos del mismo color; y si la Hermandad establece y acuerda que sea túnica, solamente ésta será la propia y exclusiva para dicho acto.

 

PARTICIPACIÓN DE LA COFRADÍA DEL STMO. CRISTO CRUCIFICADO DE SANTIAGO EN LOS DESORDENES Y PROBLEMAS DE FINALES DEL SIGLO XVII.

    Tradicionalmente la jerarquía eclesiástica, va a estar bastante alejada del poder de las cofradías, ya que era una parcela en manos de las órdenes religiosas, apoyada a su vez en la nobleza de la ciudad (Revisando los libros de actas capitulares de las cofradías de la época observamos como la nobleza accitana que aún no había marchado a la capital del Reino militaba en las filas de las cofradías penitenciales, caso de los marqueses de Cortes, de Diezma o el Conde de Alcudia). Hacia la segunda mitad del XVIII, poder religioso y poder civil, pondrán cerco a las cofradías, que dicho sea de paso habían caído en un descrédito preocupante: su actitud en muchos casos era motivo de escándalo.

    El primer intento serio por cortar estos desmanes se produjo a instancias del fiscal eclesiástico Pedro José Salcedo, el 5 de marzo de 1771. En vísperas de Semana Santa, Salcedo expone al gobernador eclesiástico que el Jueves y Viernes Santo se producían enormes alborotos en las casas de los mayordomos. Los más frecuentes eran: no respetar el ayuno de fechas tan señaladas, o acudir embriagados a la procesión entorpeciendo el desarrollo de los oficios en la Catedral.

    En la década siguiente, instalado el nuevo obispo Fray Bernardo de Lorca y Quiñones, éste se propuso cortar los abusos de las procesiones de Semana Santa. En la ciudad, afirmaba, se hallaban establecidas "varias cofradías, y cada una mantiene efigie del misterio de la Pasión de nro, redemptor, o soledad de nra. sra. yen lugar de la seriedad con que estas santas ymagenes deben salir procesionalmente, aqui estaba introducido llenarlas de mazetones, y arcos de flores de mano, de todos colores, para lo qe, y afin del dho. adorno con muchas anticipacion se ponian en andas, y a todas horas, y sin la dezencia correspondiente se llevaban y trahian a los combentos de monjas a quienes cada cofradia estimulaba, y para que su Efigie fuese la mas adornada".

    Lorca y Quiñones, amparándose en una Real Cédula de 2 de febrero de 1777, en la que se prohibían las procesiones de Semana Santa, decidió aplicarla: en 1779 las procesiones no salieron. En 1780, la presión de las cofradías y su compromiso de respetar determinados aspectos dejó sin efecto la prohibición. Las cofradías, a cambio, guardarían el debido decoro, sus miembros realizarían la estación de penitencia a cara descubierta, sin capillos ni colas, y separarían a los muchachos de la procesión.

    Pese a la vigilancia y promesas expuestas, siguieron cometiéndose los mismos abusos, por lo que se vuelven a prohibir algunas de ellas para el año siguiente., pese a las presiones del síndico personero, que según el obispo se injería en asuntos que no eran de su competencia. El obispo, enormemente molesto, solicitará que el rey amoneste a los diputados y personero de la ciudad por inmiscuirse en temas a los que eran ajenos, especialmente al diputado Ambrosio de Torres (Archivo Histórico Diocesano de Guadix. C-3393. Ordenes Reales 1693-1839. Informe sobre procesiones de Semana Santa a instancia de los Diputados y personero del común de esta ciudad. Guadix, 7-III-1782).

    Para 1782 la decisión está tomada, las previsiones episcopales son las de prohibir las procesiones de Semana Santa. La noticia alerta a los hermanos mayores de las principales cofradías accitanas, entre ellos a los del Cristo Crucificado de Santiago, a la sazón Luis Vidal y Antonio López, quienes en compañía de los representantes de la Santa Cruz de Santo Domingo y San Francisco, San Juan y Ntro. Padre Jesús de Nazareno de Santiago, la Magdalena de Santo Domingo y la Oración del Huerto de San Francisco, elevan el 9 de marzo de 1782 un oficio al corregidor de la ciudad, solicitando autorización civil para sacar las imágenes a la calle. Los responsables de las cofradías citadas alegan entre otros aspectos que "... estaban sitas en las yglesias de Santiago, San Francisco y Santo Domingo, cerca de doscientos años, en posesión de salir en procesión la Semana Santa con sus respectivas ynsignias..."

    El corregidor Asenjo, pese a la opinión del prelado fray Bernardo de Lorca y Quiñones afirmando que "la esperiencia nos ha demostrado que son incorregibles los abusos introducidos en esta materia"; por lo que decide por su cuenta y riesgo acceder a lo solicitado, pero con una serie de condiciones: no se darían refrescos ni bebidas en casa de los Hermanos Mayores, no permanecerían en tabernas ni "vagando pr las calles" con las túnicas puestas, presentarían licencia de la autoridad eclesiástica y se sujetarían a las reglas que cualquier acto religioso de esta naturaleza precisase.

    La Cofradía del Santísimo Cristo Crucificado pudo salir a la calle a realizar su estación pública de penitencia, aún a costa de un largo contencioso judicial en el que además de las cofradías, se vieron envueltos el síndico personero y el diputado del común de la ciudad, el propio corregidor y por supuesto el obispo accitano. Referencias indirectas que se hacen en el proceso corroboran que estamos ante una cofradía que se erige en torno al siglo XVI.

(Santiago Pérez López.. Doctor en Historia)