ANÉCDOTAS Y
CURIOSIDADES
EL ORIGEN DEL NOMBRE: "CRISTO DE
LA LUZ"
Durante la Guerra de la
Independencia (comienzos del siglo XIX) era conocido que los
franceses, al ocupar las ciudades españolas saqueaban las
iglesias y destrozaban sus imágenes. Por este motivo, y ante la
inminencia de la ocupación de Guadix por las tropas
napoleónicas, se ocultaron muchas imágenes y objetos religiosos
para su protección.
Entre estas imágenes se
encontraba un Cristo (hoy de la Luz), que fue escondido en una
casa en la calle de la Gloria, junto a lo que hoy es la farmacia.
Para ocultarlo se construyó una doble pared en cuyo hueco
colocaron la Imagen y, como suele ser costumbre, le encendieron
una lamparilla de aceite.
Finalizada la Guerra, y de forma
accidental, al realizar unas obras en dicha vivienda, fue
encontrada la Imagen que años antes habían emparedado,
observando con sorpresa que la lamparilla continuaba encendida.
Este suceso milagroso es el que llevó a bautizar a este Cristo
como "Cristo de la Luz".
Ya en este siglo, al procesionar
la Santa Imagen, se tenía por costumbre que, el Viernes Santo,
el Cristo de la Luz, al subir la cuesta, se desviara de su camino
par a colocarse frente a la casa donde fue escondido, para
después continuar su recorrido.
Según cuenta un costalero de
aquella época (años 1956-57), Torcuato Pérez Marcos, alguna
vez y debido al cansancio de la noche anterior, al terminar de
subir la cuesta de San Antoñico decidieron continuar el camino
sin volverse a colocar el Cristo frente a dicha casa y notaron
como que se les hacía el trono mucho más pesado, que no
podían. Entonces volvieron el trono, lo colocaron frente a la
casa y posteriormente siguieron su camino con normalidad.
Hoy día se está recuperando esta
tradición y el recorrido del Vía-Crucis que celebra la Hermandad
incluye una parada frente a esta vivienda.
ANTIGUOS ESTATUTOS
(1926):
Artículo 4 ( DERECHOS
DE LOS HERMANOS): Todos los que
componen esta asociación sin distinción, gozarán de los mismos
derechos, a saber, asistencia de la Hermandad a sus respectivos
entierros, percibir la cuenta de cincuenta y cinco pesetas, y lo
que se recaudara por imposición de multas a los que faltaren a
dicho acto del entierro, o al de la compañera.
LA IMAGEN DEL CRISTO DE
LA LUZ
La imagen del Santo Cristo
Crucificado, que recibió el nombre de Cristo de la Luz después
del milagroso suceso que narrábamos antes, fue destruida, como
tantas otras, en los primeros días de la Guerra Civil Española
(segunda quincena de julio de 1936).
Al finalizar la Guerra,
fueron encontradas dos piezas de la Imagen: un trozo de
antebrazo y mano, al que le faltaban los dedos, y una pierna de la rodilla para
abajo, también con los dedos del pie deteriorados.
Fue voluntad de una familia muy
vinculada a nuestra Hermandad, concretamente tres sobrinos de
Doña Modesta Gil y Rojas (que anteriormente había donado un
trono de plata para la Santa Imagen): D. Lorenzo, D. Emilio y
Doña Modesta Martínez Dueñas, el que se reconstruyera la
Imagen del Sto. Cristo Crucificado.
El encargo se lo hicieron a un
afamado escultor de la Escuela Granadina, al que aportaron como
muestra una fotografía del antiguo Cristo y las dos piezas
halladas, que pasaron a formar parte de la nueva Imagen. La
Imagen fue terminada y expuesta en Granada antes de ser
trasladada a Guadix.
El traslado tuvo lugar en octubre
de 1941 (segundo o tercer domingo). La Imagen fue conducida a la
antigua Iglesia de la Estación, donde fue desembalada. Desde
allí partió en procesión hasta la Catedral, donde el Sr.
Vicario general de la Diócesis, D. Francisco Fonseca y Andrade,
la bendijo tras una misa.
Una vez bendecida la Santa Imagen
se procedió a su traslado hasta la Iglesia de Santiago, su sede
actual. Fue colocada en su capilla titular, junto a la de Ntra.
Sra. de las Lágrimas, que también había sido destruida en la
Guerra y que también fue posteriormente arreglada por mandato
de los hermanos Martínez Dueñas.
(Información: D.
Eduardo García Padilla)
Tras la reforma de la Iglesia de
Santiago la Imagen de nuestro Santísimo Cristo de la Luz se
colocó en la parte central del Altar Mayor, realzando aún más
su presencia y desde donde preside cualquier acto que se celebre
en la Iglesia.
ANTIGUOS ESTATUTOS
(1926):
Artículo 5 (DEBERES
DE LOS HERMANOS): La asistencia a los entierros del
hermano o de la hermana es obligatoria y personal bajo la multa
de dos pesetas, y solo podrán ser sustituidos en dichos actos,
por sus hijos, si tuvieren veinte años y pagarán la multa de
dos pesetas los que sin causa justa y razonada dejaren de asistir,
que se entregará a la familia del difunto.
EL TRONO DEL CRISTO
Antiguamente, el Cristo de la Luz
procesionaba sobre un pequeño trono de madera. El Viernes Santo
de 1927 estrenó la Sagrada Imagen un magnífico y suntuoso trono
de plata, donado por Doña Modesta Gil y Rojas, que también
donó un juego de 6 candelabros plateados para la capilla del
Cristo.
En este mismo año, el trono
fue
ampliado en su base con un suplemento de madera con apliques de
plata, procesionando por primera vez en la feria (desfile
habitual del Cristo en aquella época), el 27 de septiembre de
1927.
En la Guerra Civil, dicho trono
corrió la misma suerte que la Sagrada Imagen y el retablo de la
capilla, siendo destruido por completo.
Una vez traída la nueva Imagen,
procesionó a partir de 1941 en unas andas provisionales
pequeñas. Fue en 1946 cuando estrenó el trono que aún posee y
que fue encargado por la Junta de Gobierno de la Hermandad con
el voto de confianza de todos los hermanos, siendo Hermano Mayor
D. Juan Delgado Roquer, el cual tuvo sus desvelos para reunir la
cantidad económica necesaria. La mayor parte fueron donativos,
ya que la Hermandad carecía de medios.
Este trono fue realizado por el
artista accitano D. Antonio Ruiz Puertas, ayudado por su hijo el
tallista D. Antonio Ruiz Ariza. El trono esta realizado en madera
de nogal, barnizado en color cerezo y con apliques de plata.
(Información: D. Eduardo García
Padilla)
ANTIGUOS ESTATUTOS
(1926):
Artículo 6:
Así mismo es obligatorio y personal con el distintivo de la
Hermandad, la asistencia a la Solemne Procesión del Viernes
Santo sin poder retirarse de dicho acto, bajo la multa de diez
pesetas, que ingresarán en los fondos de la Hermandad, como el
de acompañar a la Santísima Virgen de los Dolores a
la Iglesia de la Concepción al terminarse la procesión
de dicho día, y asistir a toda procesión extraordinaria que por
justos motivos se acordare celebrar.
DESFILES PROCESIONALES
DEL CRISTO DE LA LUZ
La Hermandad del Santísimo Cristo
de la Luz procesionó de siempre la mañana del Viernes Santo.
Los desfiles procesionales se interrumpieron dos años durante la
II República: 1933 y 1936, y posteriormente durante la Guerra
Civil.
Una vez finalizada la contienda,
la Hermandad se volvió a reorganizar. Dado que la Imagen fue
destruida, en su lugar procesionaron al Cristo de San Francisco
(actual Cristo de la Misericordia). A partir de 1942, una vez
donada la nueva Imagen por la familia Martínez Dueñas, volvió
a salir como siempre la procesión el Viernes Santo con su
titular el Santísimo Cristo de la Luz.
El desfile del Silencio tuvo lugar
a partir de 1951, previo permiso del Sr. Obispo D. Rafael Álvarez
Lara que autorizó dicha procesión, siendo su hora de salida a
las 12 de la noche del Jueves Santo.
La Imagen del Santísimo Cristo de
la Luz también solía procesionar en su festividad, el día 14
de septiembre (la Exaltación de la Santa Cruz). Algunos años se
posponía el desfile procesional al 27 de septiembre haciéndolo
coincidir con la Feria de Guadix contando, además de la banda
municipal, con el acompañamiento de la banda militar que venía
a la Feria. Este desfile procesional se mantuvo hasta 1927, a
partir de esta fecha sólo se celebra la fiesta de Iglesia.
Todos estos desfiles se
realizaron
a hombros del cuerpo de Horquilleros de la Hermandad. A mediados
de los años sesenta, como consecuencia de la emigración y
fallecimiento y jubilación de los mayores, hubo de ponerle
ruedas al paso por no haber suficiente número de los mismos.
Este cuerpo se reorganizó en 1980, subsistiendo con entusiasmo
hasta la fecha.
(Información: D.
Eduardo García Padilla)
ROGATIVAS AL CRISTO
CRUCIFICADO CON MOTIVO DE LA EPIDEMIA DE 1834
Los accitanos en momentos de
dificultad han acudido a las imágenes más devotas para que
intercedan ante Dios en la resolución satisfactoria de un
problema. Las rogativas a partir del siglo XVI se celebran por
múltiples causas: conflictos bélicos de importancia, fenómenos
naturales (sequía, tormentas, terremotos), o por enfermedades
infectocontagiosas como el cólera. Por este motivo cuando el
pasado 21 de enero de 1995 procesionó a sus patronos, la
Santísima Virgen de las Angustias y San Torcuato, lo único que
hizo fue retomar una tradición de siglos en nuestra ciudad.
En el año 1834 se desató en casi
toda Andalucía una fortísima epidemia de cólera, que se gesta
desde el año 1832 y que produjo grandes estragos en la ciudad
con un importante aumento de la mortalidad. Esta llega a Guadix
en el verano de 1834, esparciéndose de forma casi inmediata en
Guadix y poblaciones de su Obispado.
En la capital diocesana se
empleará un doble tipo de medidas para hacer frente a la
epidemia, las de índole exclusivamente sanitario y las de un
matiz eclesiástico-popular cifradas en las inevitables rogativas
públicas.
El 29 de junio de 1834, una
comisión de once vecinos, en representación de la ciudad,
solicitan al presidente y Cabildo de la Catedral de Guadix que "...
graduándose los males qe se experimentan en ella, y aun en otros
muchos pueblos de las Andalucias hasta el extremo qe V.S.Y.
observa; y siendo el único medio qe nos queda pa. aplacar la ira
del Señor el rogarle, y pedirle con la mayor instancia pa qe
suspenda el azote con qe aflige y amenaza exterminar...";
accediese al traslado a la Catedral de ".. la
efigie del SSmo. Cristo Crucificado que se venera en la
Parroquial de Santiago, por ser una de las de mayor devoción del
pueblo..." Se pretendía celebrar un solemne
novenario y rogativas públicas pertinentes. El mismo día 30 a
las cinco y media de la tarde, se trasladó la Imagen del Cristo
desde Santiago hasta la Catedral en donde se iniciaron las preces
y rogativas de costumbre por espacio de nueve días, a cuyo
término se celebraría la procesión general de rogativa hasta
su templo. En el mes de septiembre la epidemia había remitido
tanto, que el propio obispo accitano, José de Uraga Pérez, en
una visita pastoral que realizaba en Charches anunció el fin de
la misma.
De este escrito extraemos una
consecuencia, y es la importancia que la Imagen del Cristo había
adquirido entre los accitanos, acostumbrados a implorar la
benevolencia e intersección del patrono San Torcuato en momentos
de dificultades. Quizá la popularidad del Crucificado habría
que relacionarla con los sucesos de la Guerra de la Independencia
en nuestra ciudad, especialmente los relacionados con el convento
e Iglesia de Santiago. La Imagen del Cristo para evitar que
cayese en manos francesas fue tabicada en una habitación para
evitar su profanación, se le dejó una lamparita, que según la
tradición permaneció encendida hasta el final de la ocupación
francesa. A partir de estos años, la popularidad de la Imagen se
va acrecentando, hasta el punto de que la festividad del 14 de
septiembre se convierte en todo un acontecimiento público para
la ciudad.
(Esta información ha sido
elaborada con documentación inédita del Archivo Histórico
Diocesano de Guadix)
(Información: D.
Santiago Pérez López. Historiador)
EL HÁBITO DE LOS
HORQUILLEROS
En los comienzos de los desfiles
procesionales del Cristo de la Luz, los costaleros lucían un
hábito singular consistente en una túnica de color gris muy
oscuro y un turbante. El turbante se lo hacían con un cartón en
la frente al que le liaban una tela y que posteriormente echaban
hacia atrás, quedando una especie de frontón.
Esta vestimenta tan
característica fue la habitual hasta el año de 1935, último
año de los desfiles procesionales de Semana Santa antes de la
Guerra Civil.
Cuando se reiniciaron los desfiles
después de la Guerra, año de 1942, algunos antiguos costaleros
seguían luciendo su particular hábito, mientras que los nuevos
vestían de paisano. Conforme pasaron los años llegó a
desaparecer el hábito antiguo, vistiendo cada cual según su
criterio.
Al reorganizarse definitivamente
la Semana Santa accitana, año de 1951, se volvió a unificar la
vestimenta de los horquilleros, consistiendo ésta en una túnica
de color negro, suprimiéndose el turbante.
Hacia el año 64, fundamentalmente
por razones de emigración, tiene lugar una crisis general de
costaleros, que afecta a casi todas las hermandades, incluidas
las de Granada, y el Cristo pasa a desfilar sobre ruedas
desapareciendo el cuerpo de costaleros.
En 1980 se reorganiza el cuerpo de
costaleros y su hábito, basado en el anterior, consiste en una
túnica de color negro con cíngulo morado, calzado y calcetín
negros y escudo de la Hermandad en el hombro. Posteriormente se
introduce también la obligatoriedad de la venera de la Hermandad
sobre el pecho.
(Información: D.
Eduardo García Padilla)
LA VESTIMENTA DEL
HERMANO DE LUZ
En los orígenes de los desfiles
procesionales de la Hermandad del Cristo Crucificado, la
vestimenta en las procesiones se componía de un traje negro,
mostrando un riguroso luto, es decir, chaqueta y pantalón negro,
incluso calcetines, corbata y guantes; tan solo la camisa se
llevaba blanca. En el año 1928 se le añadió la venera de
plata, que se llevaba colgada del cuello.
Posteriormente, después de la
Guerra Civil se retomó esta tradición permitiendo a los
hermanos desfilar con traje de tonos oscuros, debido a la austera
situación económica de la época.
Fue en el año 1951 cuando se
cambió el traje por la túnica negra y caperuza morada,
conservando los calcetines, zapatos y guantes negros. Tan solo
los directivos debían llevar capa de color morado. Doce años
más tarde se unificó el hábito de penitencia, desfilando todos
los hermanos con capa, quedando así establecido hasta nuestros
días.
Los hermanos de mayor edad que no
pueden desfilar con caperuza, llevan traje oscuro, haciendo
estación de penitencia delante del paso.
En el turno de vela que nuestra
Hermandad lleva realizando muchos años el Jueves Santo por la
tarde, se ha mantenido la tradición del traje de luto, al que se
le añadió la capa en el año 1963.
( Información: D.
Eduardo García Padilla)
ANTIGUOS ESTATUTOS
(1926):
Artículo 13: El
traje que el hermano ha de vestir para la Procesión del Viernes
Santo, ha de ser negro, calzado zapatos del mismo color; y si la
Hermandad establece y acuerda que sea túnica, solamente ésta
será la propia y exclusiva para dicho acto.
PARTICIPACIÓN DE LA COFRADÍA DEL STMO.
CRISTO CRUCIFICADO DE SANTIAGO EN LOS DESORDENES Y PROBLEMAS DE FINALES DEL
SIGLO XVII.
Tradicionalmente la
jerarquía eclesiástica, va a estar bastante alejada del poder de las cofradías,
ya que era una parcela en manos de las órdenes religiosas, apoyada a su vez en
la nobleza de la ciudad (Revisando los libros de actas capitulares de las
cofradías de la época observamos como la nobleza accitana que aún no había
marchado a la capital del Reino militaba en las filas de las cofradías
penitenciales, caso de los marqueses de Cortes, de Diezma o el Conde de
Alcudia). Hacia la segunda mitad del XVIII, poder religioso y poder civil,
pondrán cerco a las cofradías, que dicho sea de paso habían caído en un
descrédito preocupante: su actitud en muchos casos era motivo de escándalo.
El primer intento serio por
cortar estos desmanes se produjo a instancias del fiscal eclesiástico Pedro José
Salcedo, el 5 de marzo de 1771. En vísperas de Semana Santa, Salcedo expone al
gobernador eclesiástico que el Jueves y Viernes Santo se producían enormes
alborotos en las casas de los mayordomos. Los más frecuentes eran: no respetar
el ayuno de fechas tan señaladas, o acudir embriagados a la procesión
entorpeciendo el desarrollo de los oficios en la Catedral.
En la década siguiente,
instalado el nuevo obispo Fray Bernardo de Lorca y Quiñones, éste se propuso
cortar los abusos de las procesiones de Semana Santa. En la ciudad, afirmaba, se
hallaban establecidas "varias cofradías, y cada una mantiene efigie del
misterio de la Pasión de nro, redemptor, o soledad de nra. sra. yen lugar de la
seriedad con que estas santas ymagenes deben salir procesionalmente, aqui estaba
introducido llenarlas de mazetones, y arcos de flores de mano, de todos colores,
para lo qe, y afin del dho. adorno con muchas anticipacion se ponian en andas, y
a todas horas, y sin la dezencia correspondiente se llevaban y trahian a los
combentos de monjas a quienes cada cofradia estimulaba, y para que su Efigie
fuese la mas adornada".
Lorca y Quiñones,
amparándose en una Real Cédula de 2 de febrero de 1777, en la que se prohibían
las procesiones de Semana Santa, decidió aplicarla: en 1779 las procesiones no
salieron. En 1780, la presión de las cofradías y su compromiso de respetar
determinados aspectos dejó sin efecto la prohibición. Las cofradías, a cambio,
guardarían el debido decoro, sus miembros realizarían la estación de penitencia
a cara descubierta, sin capillos ni colas, y separarían a los muchachos de la
procesión.
Pese a la vigilancia y
promesas expuestas, siguieron cometiéndose los mismos abusos, por lo que se
vuelven a prohibir algunas de ellas para el año siguiente., pese a las presiones
del síndico personero, que según el obispo se injería en asuntos que no eran de
su competencia. El obispo, enormemente molesto, solicitará que el rey amoneste a
los diputados y personero de la ciudad por inmiscuirse en temas a los que eran
ajenos, especialmente al diputado Ambrosio de Torres (Archivo Histórico
Diocesano de Guadix. C-3393. Ordenes Reales 1693-1839. Informe sobre procesiones
de Semana Santa a instancia de los Diputados y personero del común de esta
ciudad. Guadix, 7-III-1782).
Para 1782 la decisión está
tomada, las previsiones episcopales son las de prohibir las procesiones de
Semana Santa. La noticia alerta a los hermanos mayores de las principales
cofradías accitanas, entre ellos a los del Cristo Crucificado de Santiago, a la
sazón Luis Vidal y Antonio López, quienes en compañía de los representantes de
la Santa Cruz de Santo Domingo y San Francisco, San Juan y Ntro. Padre Jesús de
Nazareno de Santiago, la Magdalena de Santo Domingo y la Oración del Huerto de
San Francisco, elevan el 9 de marzo de 1782 un oficio al corregidor de la
ciudad, solicitando autorización civil para sacar las imágenes a la calle. Los
responsables de las cofradías citadas alegan entre otros aspectos que "...
estaban sitas en las yglesias de Santiago, San Francisco y Santo Domingo, cerca
de doscientos años, en posesión de salir en procesión la Semana Santa con sus
respectivas ynsignias..."
El corregidor Asenjo,
pese a la opinión del prelado fray Bernardo de Lorca y Quiñones afirmando que
"la esperiencia nos ha demostrado que son incorregibles los abusos introducidos
en esta materia"; por lo que decide por su cuenta y riesgo acceder a lo
solicitado, pero con una serie de condiciones: no se darían refrescos ni bebidas
en casa de los Hermanos Mayores, no permanecerían en tabernas ni "vagando pr
las calles" con las túnicas puestas, presentarían licencia de la autoridad
eclesiástica y se sujetarían a las reglas que cualquier acto religioso de esta
naturaleza precisase.
La Cofradía del Santísimo
Cristo Crucificado pudo salir a la calle a realizar su estación pública de
penitencia, aún a costa de un largo contencioso judicial en el que además de las
cofradías, se vieron envueltos el síndico personero y el diputado del común de
la ciudad, el propio corregidor y por supuesto el obispo accitano. Referencias
indirectas que se hacen en el proceso corroboran que estamos ante una cofradía
que se erige en torno al siglo XVI.
(Santiago Pérez López.. Doctor en Historia)
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