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¡DESPOJADO... DE TODO!
En esta
ocasión te invito apararte ante una imagen de Jesús, que nos debe llenar de
vergüenza, nos debe hacer bajar los ojos entristecidos y avergonzados. Es la
imagen de un hombre desnudo, crucificado y levantado sobre la tierra.
Al recorrer
la pasión del Señor -el VÍA CRUCIS- nos sorprenderemos de muchas escenas. Es
todo un espectáculo, todo un drama. Como la vida de tantas y tantas personas. El
final de la vida de muchos resulta inesperado, a veces, absurdo. Nadie puede
pensar o imaginarse, en lo más alto de la curva de la vida, lo que va a
sucederle, cómo va a presentarse la bajada de nuestra existencia.
Pero lo
cierto es que nuestro afán es verse uno rodeado de cosas, todo lo que puede
abarcar nuestra ambición y nuestros medios. Nadie tiene el «mal gusto» de
privarse de todo o de algo que puede disfrutar en la vida. Difícilmente
vamos a encontrar a alguien que voluntariamente pase por la vida tirado en la
cuneta, dejando de lado todo lo superfluo que nos rodea, lo no necesario para
vivir de modo humano. La sociedad actual, la sociedad del bienestar, del
consumo, tiene de particular, no que satisface necesidades reales, sino que crea
necesidades, hace que cualquier cosa, por insignificante que sea, si interesa
económicamente, se haga necesaria. Y así tenemos que rodarnos de más cosas cada
día, que solamente con un buen juicio, con una buena orientación comprendemos
que no son tan necesarias como en un principio creíamos. Y es esto un sigo de
liberación, de no dejarnos atrapar por las cosas.
Deberíamos
hacer un esfuerzo para obtener esa libertad de corazón. Tal vez nos ayude el
ejemplo de Jesús. En su vida dijo que el Hijo del Hombre no tenía donde reclinar
su cabeza. Y al final de sus días lo vemos despojado hasta de sus vestidos,
completamente desnudo y clavado en una cruz. ¿No puede eso enseñarnos a vivir
más austeramente? ¿A vivir en el desprendimiento de cuanto no necesitamos de
verdad? Viviríamos más libres, y con la posibilidad, que también es importante,
de compartir muchas cosas con los necesitados. Es decir, podemos ser más
generosos.
¡Qué bien
se casan la pobreza de espíritu, el desprendimiento, y la generosidad! No podía
ser de otra manera. El apegado cierra sus entrañas a los demás, no se ve nada
más que a sí mismo y sus cosas. Por nada querría perderlas. Y es entonces cuando
se hace imposible que piense en los demás y quiere compartir con generosidad.
Magnífica lección la que nos da esa estampa de Jesús, despojado de todo, y
levantado así, para vergüenza nuestra y de nuestro egoísmo, ante la mirada de
todo el mundo.
José Mª Hernández Ballesteros, Consiliario.
2004

SEMANA SANTA
LEJOS DEL CRISTO DE LA LUZ
Volvemos a estar
a las puertas de Semana Santa, se vuelven a vivir ya, los nervios de los
preparativos, la felicidad de unos días tan esperados, la culminación de un año
de trabajo, de charlas, de diferencias, de entusiasmo..., y de nuevo yo estoy
lejos de Guadix, otra Semana Santa vivida con la añoranza de no poder ver salir
a la calle todo ese entusiasmo, todas esas charlas, y todo ese trabajo puesto en
el Cristo de la Luz, no podré ver a los hermanos bajando a nuestro Cristo y
preparándolo para la noche del Jueves Santo y la madrugada del Viernes Santo, no
podré ver a la multitud aguardando entre murmullos y silencio la salida por la
puerta de Santiago, no podré ver las caras de satisfacción y sacrificio de los
costaleros, no podré respirar el ambiente de la fe, ni sentir el sueño y la
ilusión de todos los hermanos que allí se congregan, para rendirle homenaje un
año más a nuestro Cristo de la Luz.
Pero desde aquí a
más de 800 Km. la noche del Jueves Santo parará para mi el tiempo y podré sentir
el silencio en mis oídos, y podré ver la luz en mis ojos, y podré percibir la
satisfacción y la fe en mi alma, y podré estar a su lado por un momento, porque
el Cristo de la Luz está siempre a nuestro lado, y en esos momentos un rayo de
su luz llega a todos los rincones donde esté un hermano, aunque no puede estar
allí presente, y desde aquí, yo si podré romper el silencio, y gritaré bien alto
VIVA EL CRISTO DE LA LUZ.
M. 2004

EN LA LEJANÍA
Bueno,
ante todo agradecer a aquellas personas que se han acordado de mí, puesto que
por motivos de trabajo ya no resido en Guadix.
Quería
hablarles de mi vida cofrade en forma resumida.
Tendría yo
unos seis años cuando empecé de Nazareno, era mi gran ilusión. Pasados unos
años, con 14, ya le comentaba a mi tío Paco «el Popo» que quería salir de
horquillero pero en repetidas ocasiones me decía que no, hasta que lo convencía.
¿Ustedes
saben ese cosquilleo que se tiene en la barriga cuando te va a pasar algo
importante? bien, yo lo tenía aumentado por 10. Era mi primera vez cuando yo
tenía 17 años y mi ilusión se había cumplido,
salir de horquillero del Cristo de la Luz que aunque, me tienen que disculpar,
lo siento muy mío, sea porque mi tío es el capataz, mis otros tíos y primos
horquilleros y demás familiares nazarenos.
Y sobre
todo por mi padre «el payoyo» que fue durante muchos años horquillero del
Cristo, bueno horquillero no se, porque él me contaba que lo llevaban con ruedas
mi tío Cato «el Caballico» y él, y que debajo metían a mis hermanos en la
procesión, dichosos años aquellos.
Pasaron los
años y mi devoción y admiración por esas personas que año tras año hacían que mi
Cristo estuviera en la calle era mayor, tendría muchas anécdotas para contar en
esos años, pocos pero intensos, aunque os voy a contar una de las más graciosas
para mi.
Un Viernes
Santo estando el Cristo por la Bovedilla, mi tío Paco «el Popo» que no es muy
dado en decirle a sus horquilleros ninguna palabra en ese ardor cofrade que
tienen todos o casi todos los capataces, soltó una frase que cuando la
escuchamos todos nos extrañamos «derecha alante, izquierda atrás». Como
comprenderán todos nos miramos extrañados y una leve sonrisa nos recorrió a
todos pero yo creo que cuando él pensó lo que había dicho, tanto se extrañó, que
nunca más le oí decir nada más en ese ardor.
Bueno como
esta muchas más, pero esto entra dentro de mis recuerdos que me llevo un montón
y muy buenos. Acabo mandando un mensaje para que los niños que son pequeños, los
no tan pequeños y mayores, que sepan la suerte que tienen al poder año tras año
disfrutar de esta Semana Santa accitana y decirles que participen, que se metan
en esa u otra hermandad pero que la vivan, que la sienta porque yo me muero de
envidia por esa gente que la disfruta allí tanto como yo la sentía. Vivo de mis
recuerdos de nazareno, de horquillero y ese recuerdo tan maravilloso lo llevo
muy adentro como a todos ustedes que me acuerdo un montón cada Jueves Santo.
Nada más, solo decirles que aunque no esté allí en cuerpo, mi alma siempre
estará con ustedes. «VIVA EL CRISTO DE LA LUZ».
Ángel Fernández Espigares "M.A:"
(2004)

¡CONFIANZA!
Nuestra vida está muchas veces agitada por unos vaivenes aparentemente
inexplicables; pero en realidad somos conducidos por Dios hacia el cumplimiento
de nuestra desde que confiemos en que su Luz tarde o temprano nos iluminará.
Esta sublime verdad de fe se refleja muy didácticamente en este cuento que les
transcribimos a seguir:
Tres
Grandes Aspiraciones
En un
bosque había tres arbolillos, en lo alto de una colina. Crecían con sus copas
orientadas al sol y conversaban sobre sus sueños y aspiraciones. El primero
buscaba las estrellas y decía a sus compañeros: yo sueño con ser algún día,
cuando sea mayor, un cofre para guardar grandes tesoros: oro, plata y piedras
preciosas.
El segundo
replicó: yo querría ser una robusta y grande embarcación, para transportar reyes
y grandes personalidades a través de los mares.
«Pues yo
-dice el tercero- deseo crecer y crecer, ser el más rectilíneo y el más alto de
todos los árboles del bosque, de modo que todos cuantos me vean en lo alto de
esta colina piensen en Dios. Quiero ser el mayor árbol de todos los tiempos y
estar siempre en la memoria de los hombres.»
Tres
amargas decepciones
Pasaron los
meses y los años. Los tres árboles crecieron. Un día, tres leñadores subieron a
lo alto de la colina. Mirando al primer árbol, dijo uno de ellos: ¡que bonito
árbol!. Y lo cortó para vender la madera a un carpintero. El árbol se alegró,
pues sabía que el carpintero podría convertirlo en el cofre de sus sueños.
El segundo
leñador analizó el segundo árbol y dijo: «ésta árbol es muy fuerte; es lo que
estaba buscando. Voy a venderlo al carpintero del puerto». Y el segundo árbol
también se sintió realizado, pues ya se imaginaba convertido en un soberbio
barco.
El tercer
árbol sin embargo se entristeció, cuando el último leñador se le acercó
indiferente, pues pensó por la manera que el leñador le golpeaba con el hacha,
que su sueño nunca se realizaría...
El primer
árbol fue convertido en un pesebre para la comida del ganado dentro de una
gruta. Se sintió mal, pues era lo contrario de lo que había soñado. El segundo
fue transformado en una pequeña embarcación, tan insignificante que no podía
navegar en alta mar. ¡Triste fin de un sueño grandioso! El tercero, fue cortado
en gruesos maderos y guardado en un depósito.
Tres
realizaciones Esplendorosas
Pasaron
algunos años. Una noche se cobijaron en el establo una pareja de sublime
aspecto. Al poco rato de llegar, la mujer dio a luz un niño resplandeciente de
hermosura y lo colocó en el pesebre fabricado con el primer árbol. Este se
estremeció de alegría al saber que albergaba entre sus maderos, nada más ni nada
meno s,
que a Jesús, el mayor tesoro de la Historia.
Algunos
años más tarde, unos pescadores navegaban en la barca construida con el segundo
árbol. Repentinamente, se desató una tempestad tan grande que los marineros
temieron por sus vidas. De repente, del fondo de la barca un hombre se levanta y
dice a los vientos y al mar: «¡Calmaos!». Y la tormenta cesó inmediatamente. En
ese instante, el segundo árbol no se contuvo en sí de júbilo, al descubrir que
llevaba al Rey de Reyes.
Pasaron
quizás un par de años. Era viernes. Un hombre de divino semblante sale
encadenado de un palacio y coge entre sus manos los maderos del tercer árbol.
Cargándolos a hombros por las calles, el populacho azuzado por sus jefes, lo
insultan, golpean y escupen. La Víctima cae varias veces y a duras penas
consigue llegar a la cima de una colina. Es clavado en los maderos y allí estuvo
colgado hasta que murió.
Al llegar
el domingo, el árbol se dio cuenta de que, erguido en la cima de la colina,
estaba más cerca de Dios que nunca, pues Jesús se había servido de él para ser
crucificado en sus maderos.
* * *
Incluso
cuando todo parezca contradecir nuestras aspiraciones más legítimas, nunca
olvidemos de que Dios tiene un plan trazado a nuestro respecto. Pongamos en Él
nuestra confianza. Recordémonos de este cuento y de cómo cada árbol vio
cumplidas y realizadas sus buenas aspiraciones, aunque fuesen de una manera tan
diferente a lo que imaginaban...
Felipe Furnel
Heraldo del Evangelio,
Cuaresma, 2004

SILENCIO, POR FAVOR SOLO
PIDO SILENCIO
- Ecos de
tambores a lo lejos.
- Noche cerrada en Guadix
- ¡¡silencio!! Solo pido
silencio, para hablar con mi Padre que expira en su Cruz.
- Se abre la puerta de Santiago y
todo el mundo espera a nuestro Cristo de la Luz
- con su alma en pena
- ya está en la puerta y un
murmullo popular rompe cuando se encienden sus luces.
- El horquillero obediente al
capataz, porta en su hombro la pena, de nuestro Cristo
- de la Luz que nada de vida le
queda.
- Silencio, por favor solo pido
silencio.
- Nuestro Cristo avanza enseñando
a todo aquel que no sabe rezar en la iglesia,
- para que aprendan a rezar en la
calle.
- ¡¡Que se apaguen las luces de
Guadix!! que mi Cristo avanza por sus calles
- bonitas y señoriales.
- Silencio, por favor solo
pido silencio.
- Ya se acerca el Arco de San Torcuato, en
su triste peregrinar. Oigo tambores,
- murmullos, lágrimas y pesar, son tus
hijos devotos que se unen en ti en tu
- triste caminar.
- Se rompe el silencio en la noche y del
corazón arranca una saeta a ti Padre tu
- que sufres en tu cruz de humildad.
- Estampa sin igual, bajo el Arco tu estás
y Guadix se pone a rezar.
- Silencio, por favor solo pido silencio.
- Esfuerzo de tus horquilleros, pericia de
tu capataz y penitencia de tus nazarenos
- para llevarte con premura junto a tu
madre María Santísima de la Amargura.
- Que callen los tambores que la pena ya me
ahoga al ver que las puertas de Santiago
- ya se abren, para recibir al Cristo de la
Luz.
- Silencio, por favor solo pido silencio.
- Se apagan las luces y todo queda en
penumbra y un silencio recorre la plaza
- de Santiago ¡¡¡mi Cristo ya descansa en
su templo!!!
Ángel Fernández (M.A.)

... Y LO CLAVARON EN LA CRUZ.
¡Cuanto tiene que hacernos pensar, meditar esta escena! Lo clavaron en el madero
de la cruz, como hacían con los grandes malhechores, como
hicieron con los dos
ladrones. ¿Y para qué? No pensarían que se iba a escapar, que iba a abandonar el
cumplimiento de la voluntad del Padre. No podía escapar, estaba en sus manos,
tenía que morir a manos de sus enemigos: «se lo entregaron para que lo
crucificaran».
No les
bastaba con que cargara con la cruz sobre los hombros, que caminase, agotado y
abatido ya, hasta el Calvario. Llegados allí lo colocaron sobre el madero y
vilmente fueron clavando sus manos y sus pies.
Con saña
cruel, sin saberlo ellos, los soldados, nos dejaron la imagen más triste, pero
al mismo tiempo más gratificante de todas: CRISTO SOBRE LA CRUZ, CLAVADO EN EL
MADERO SANTO, EL CRUCIFIJO. Desde ahora será el signo más benéfico para el
hombre, la señal del cristiano.
Pero
también será el tipo, modelo de tantos y tantos como están clavados a su cruz
todos los días. Inocentes, como Él, pero la vida -unas veces por causas
naturales y otras por la malicia y la crueldad de los demás hombres- los ha
clavado irremisiblemente a su cruz. El enfermo en su cama del hospital o de su
casa; el paralítico o tullido a su silla de ruedas; el anciano a su soledad más
triste; el preso a su enrejada celda de la cárcel; el drogadicto a su maldita
esclavitud sin posible libertad. Y así tantos y tantos. Lo que importaría es que
supieran tener motivos para aprovecharse de ello, que supieran abrazarse con
amor a su cruz y que el dolor los fuera redimiendo. Jesús nos dijo: «El que
quiera venir conmigo que tome su cruz y me siga». Él va por delante. Lo que nos
falta es el amor y eso es lo que nos salvaría.
- D. José María Hernández Ballesteros.
- Consiliario. 2005.

ENTREVISTA A DÑA. CARMEN RAMOS
Con fecha 7 de febrero de
2005, entrevistamos a Dña. Carmen Ramos Hernández en la Farmacia de su
propiedad, sita en la Avda. Medina Olmos. Dña. Carmen junto con su esposo D.
Juan Antonio López Frías fueron padrinos de la Stma. Virgen de la Amargura en su
bendición canónica, la cual tuvo lugar el día 15 de septiembre de 2002.
-Sra. Dña. Carmen, cuando la
Junta de Gobierno de la Hermandad le propuso el apadrinamiento de la Stma.
Virgen de la Amargura ¿cómo recibió la noticia?
Con inmensa alegría,
ya que supuso para nosotros un gran honor.
-Antes de esa propuesta,
¿tenía alguna relación con la Hermandad del Stmo. Cristo de la Luz?
Si. Conocíamos a
muchos de los hermanos cofrades.
-¿Qué impresión le causó
la imagen de María Stma. de la Amargura cuando la vio por primera vez?
Nos encantó la talla
y la imagen de la Virgen.
-¿Qué rasgo de la imagen
le llama más la antención?
La expresión tan
dulce de la cara de la Virgen.
-Del día en que fue
bendecida la imagen de la Stma. Virgen ¿qué momentos recuerda como más emotivos?
Toda la ceremonia
fue de gran emotividad para nosotros.
-Desde aquel día, ¿se
siente devota de la Stma. Virgen de la Amargura?
Por supuesto que si. Nos
acompaña en nuestro trabajo, familia y en nuestro quehacer diario.
-La Hermandad cuenta con
que en 2006 pueda procesionar por primera vez la imagen de María Stma. de la
Amargura ¿cuál es su mayor deseo para ese acontecimiento?
Poder acompañarla.
-Aprovechando estas
líneas, ¿querría dar algún mensaje a todos los cofrades de la Hermandad?
Que ayuden a la Hermandad y
sobre todo que crezca su amor y devoción a nuestra Virgen cada día.
Agradecemos a Dña. Carmen
la atención que nos ha prestado y esperamos que sus deseos se vean cumplidos.

NUESTRA JUVENTUD.
Cada año que pasa se
respira más juventud en nuestra Semana Santa. Parece como si en ella encontraran
esos jóvenes una razón suficiente para acrecentar su ideal juvenil.
a) ¿QUÉ ES LA JUVENTUD?
La juventud es un
estado del espíritu, una pasión por la vida y una predisposición por empaparse
de conocimientos... Aquello que produce una emotividad intensa. Es la victoria
del valor sobre el apocamiento, el deseo de aventura sobre el amor al confort.
Envejecemos, cuando
desertamos de ese ideal. Lo años arrugan la piel, pero renunciar al ideal arruga
el alma.
En la vida, el idea es como
una antorcha olímpica, que consiste en llevarla llameante sin que se extinga...,
lo mismo si te aplauden al pasar o te silban, haga calor o esté nevando.
Serás tan joven, como
grande sea tu fe. Tan viejo como tu duda. Te sentirás tan joven, como tu
confianza en ti mismo. Tan viejo, como tu abatimiento. Tan joven como tu
esperanza... Permanecerás joven en tanto permanezcas receptivo. Receptivo a todo
lo que es grande, bello y bueno. Receptivo a los mensajes de la naturaleza, del
hombre y del infinito.
b) LOS JÓVENES A TRAVÉS DE LA SEMANA SANTA ACCITANA.
Según estas premisas, todo aquel
que desde la iniciación de nuestra Semana Santa, allá por el Siglo XVI, puso su
trabajo en pro de esta labor, ha sido un maravilloso joven «Joven de espíritu».
Cuántos, en los momentos difíciles por los
que pasaron nuestras hermandades, supieron buscar soluciones para seguir
aproximándose a Dios, por medio de esta veneración al Cristo, a la Virgen o a
los Santos.
Páginas de lucha y abnegación, escribieron
estas gentes. Vaya desde aquí el más sincero homenaje por lo que nos legaron...
y a las familias. pegadoras en sus propias carnes de este esfuerzo, nuestro
profundo agradecimiento..
c) EL JOVEN DE HOY Y LA AMISTAD
Acerquémonos a los jóvenes de hoy.
En su diálogo distendido, nos dicen que tratan de buscar aquello que les
entusiasme y les haga vibrar. Aquello en lo que puedan participar activamente y
con espontaneidad. Sin demasiadas reglas preestablecidas, y que la actividad a
desarrollar sea creativa, porque les aterra la monotonía. Y, por último, que lo
vean claro y sea vivo.
Ante esto, observamos que necesitan a
alguien en quién apoyarse y confiar, que lo aleje del materialismo del que
siempre vuelven insatisfechos. La amistad sería la respuesta, aunque para que
exista debe haber «ideas claras y corazones limpios». No imitemos a los demás,
encontrémonos y «seamos nosotros mismos».
Pero cuidado, no todo lo que se ofrece en
ayuda nuestra es amistad, hay que probarla. Ya decía el Papa Juan XXIII, «Los
hombres son como el vino, algunos se convierten en vinagre, pero los mejores
ganan con el tiempo».
Así la amistad cuesta, por lo que no
debemos acostumbrarnos a lograrla en sueños, rehuyendo a su conquista en la vida
real, con el propio esfuerzo.
José María Ortiz Valero.

LAS RELIQUIAS DE LA PASIÓN
Clavos, lanza,
espinas...Dónde se encuentran estos preciosos recuerdos de la Pasión del Señor.
Peregrinemos unos instantes por ciertos lugares de la Ciudad Eterna.
Todo corazón
andaluz se conmueve al contemplar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Los
grandes acontecimientos de nuestra redención se representan grandiosamente en
los pasos que salen a la calle en la Semana Santa. Muchas Hermandades andaluzas,
además, colocan en sus tronos alguna reliquia relacionada con sus titulares.
Pero eso que nos atrae tanto al verlo representado, ciertamente nos causa una
impresión más viva y una emoción especial cuando lo vemos realmente. Y eso como
es posible? Intentare explicarlo.
La Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén.
Los primeros
cristianos guardaron todos los objetos que pudieron relacionados con el Señor.
Eran los recuerdos del Maestro que al reverlos les reportaban de nuevo a los
maravillosos hechos que había protagonizado el Salvador a su paso por este mundo
y de los cuales ellos habían sido testigos.
Una de las más
importantes reliquias del Señor es la Sábana Santa, la cual cubrió el cuerpo sin
vida del Señor hasta que resucito el Domingo. Pero no nos detendremos en ésta,
pues ya es sobradamente conocida por la mayoría.
Hay en Roma una
Basílica llamada de "Sancta Croce in Ierusalem", que contiene los más preciosos
objetos de la Pasión de Cristo. Mandada construir por la madre del Emperador
Constantino, Santa Elena, para que los romanos pudieran venerar las reliquias
que ella trajo de su peregrinación a Jerusalén, allí, hasta hoy en día están
expuestas las reliquias más impresionantes que un alma cristiana puede
contemplar.
Dentro de un
ambiente recogido y de sublime sobrenaturalidad, en el centro mismo de la
capilla reluce majestuosa la reliquia de la Cruz de Cristo. Se trata del pedazo
de Cruz más grande conservado en la Cristiandad. La Cruz fue encontrada en las
dependencias del Santo Sepulcro, descubierto después de que la emperatriz Elena
mandase destruir un templo pagano dedicado a Júpiter y Venus. Habiendo
encontrado allí tres cruces, el obispo Macario acercó a una enferma los tres
maderos, la cual sanó al contacto con la última. Era el 3 de mayo del 326 cuando
se encontró la "Verdadera Cruz", patíbulo adorable en el que se produjo la
Salvación y el perdón de los pecados. La Iglesia instituyó la fiesta de la
Santa Cruz, que se celebra precisamente el día 3 de mayo.
En la misma
Basílica podemos contemplar uno de los clavos de la cruz, traídos desde el mismo
lugar por San Gregorio Magno, papa.
Otra de las
reliquias es la tablilla del INRI, escrita en latín, griego y hebreo. No está
completa, pero se puede leer perfectamente. Curiosamente está escrita en
negativo, es decir, como una plancha de imprenta.
Una espina de la
corona que ciñó la frente del Salvador fue traída a esta Basílica desde París,
donde San Luis rey construyó la Sainte Chapelle, para albergar el impresionante
cascote que hirió profundamente la cabeza de Jesús ante los escarnios de los
soldados romanos. Hasta el 1053 permaneció en Jerusalén, en la Basílica de Monte
Sión, para pasar a Constantinopla. En 1238 fue cedida por el emperador Balduino
II a San Luis.
Una curiosidad
más allí venerada es el famoso dedo de santo Tomás apóstol, que fue testigo
material de la Resurrección del Señor, al haberlo introducido en la misma llaga
del costado de Cristo. Sólo después de esto exclamó: ¡Señor mío y Dios mío!
San
Pedro del Vaticano
Fuera de los muros
de la Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén se encuentran otras reliquias
igualmente preciosas. La lanza de Longinos, esta vez testigo de la muerte de
Jesús en la Cruz también estaba en el Santo Sepulcro y fue trasladada a
Antioquía donde, en un momento de peligro por las invasiones musulmanas, fue
enterrada detrás del altar de la iglesia dedicada a San Pedro. Fue descubierta
el 1097 durante la primera Cruzada por revelación sobrenatural a un monje. La
punta de la lanza fue llevada a París por San Luís y se veneraba en la Santa
Capilla, pero desapareció en los desmanes de la Revolución Francesa. El asta se
conservó en Constantinopla hasta que el Sultán Bajazet la envió al Papa
Inocencio VIII en 1492. Actualmente se venera en la Basílica de San Pedro de
Roma en una capilla dedicada a San Longinos, centurión mártir de Cristo.
Santa Práxedes
En Santa Práxedes
se encuentra un gracioso templete de cobre con una reliquia inimaginable: La
Columna de la Flagelación, traída desde Jerusalén a este lugar de veneración por
el Papa Inocencio III. Simple y austera, con tan sólo 50 cm. de altura, 32 cm.
de base y 20 cm de capitel, de mármol blanco moteado de negro, impresiona por su
cercanía a la veneración y por saber que atado a ella Jesús recibió los crueles
azotes que no merecía, pero que aceptó para nuestra salvación.
El "Sancta Sanctorum"
En la misma plaza
donde se encuentra la Basílica de San Juan de Letrán, que es la catedral de
Roma, se construyó un santuario que albergó grandes
reliquias, llamado popularmente el Sancta Sanctorum, pues se decía que en la
cristiandad no había lugar más santo debido a la categoría de las reliquias que
allí de veneraban. Allí se guardó durante largo tiempo el Santo Grial, o Cáliz
que usó el Señor el Jueves Santo en la Última Cena, que hoy se conserva en la
Catedral de Valencia. En la Capilla profusamente decorada con frescos el papa
celebraba la misa diciendo "Tomó éste cáliz en sus santas y venerables manos",
pues realmente esa era la misma copa que Jesús uso para instituir la Eucaristía.
Esta fórmula se conserva actualmente tomando el nombre de Canon I o Canon
Romano, usado en la liturgia actual en la misa vespertina de la cena del Señor.
Pero lo que en
realidad nos acercaba a este templo no es el hecho anterior, aunque tenga su
relación con la Pasión; sino la llamada Scala Sancta. Se trata de la escalera
que Jesús subió y bajó varias veces en el Palacio de Poncio Pilatos. Después de
que el Señor fue flagelado subió por ella y fue presentado al pueblo por el
indeciso procurador que pronunció las palabras "Ecce Homo", lo que quiere decir
"Aquí está el Hombre". Aún están marcados tres lugares con unas cruces de bronce
y cristal donde quedaron marcadas varias manchas de abundante sangre. La
escalera es de mármol blanco y sus 28 peldaños están recubiertos de madera. Sólo
se puede subir de rodillas, pudiéndose practicar un acto de piedad como rezar el
Rosario o el Vía Crucis. Durante la cuaresma y especialmente el Viernes Santo es
frecuentada por miles de peregrinos que la suben con profunda seriedad y
compenetración. Llegó a Roma traída también por Santa Elena.
Las Reliquias de la Pasión y la Semana Santa.
Otras muchas
reliquias y santuarios podríamos comentar, pues la Cuidad Eterna y muchas otras,
conservan los recuerdos del paso del Señor por este mundo. Desearía que este año
el paso del Señor por nuestras calles y plazas sea motivo de gracias abundantes
para comprender el valor de la Pasión de Jesús y su obra redentora en nosotros.
La sangre derramada por Jesús obró la Redención del género humano y de la llaga
de su costado nació la Iglesia, cuya misión es anunciar a Cristo que murió para
salvarnos y que hoy vive, pues resucitó al tercer día, junto al Padre y en todos
los sagrarios del la Tierra repartiendo su gracia y es la Luz que ilumina con
fuerza al mundo entero.
José
Carlos Jiménez. Heraldo del Evangelio

LAS COFRADÍAS DE LA PARROQUIA DE SANTIAGO, MEDIO SIGLO DE TRABAJO BIEN HECHO
En los últimos años estamos asistiendo por parte de las cofradías accitanas a la
celebración de numerosos actos que nos recuerdan su presencia constante en
nuestra ciudad desde hace más de medio siglo.
Pocas v eces
una obra colectiva, llena de buenas intenciones y de enorme ilusión, pero a la
vez plagada de dificultades ha tenido unos resultados tan satisfactorios. Medio
siglo después, la Semana Santa de Guadix se ha ganado por méritos propios el
respeto, el prestigio, la consideración y la valoración de propios y foráneos.
Es hoy un referente de peso en la Semana Santa de Andalucía y concita el
interés, la ilusión y el buen hacer de miles de personas.
Todo
esto no hubiera sido posible si un nutrido grupo de accitanos, cada uno en su
parroquia, no hubieran unido sus fuerzas y sus ilusiones para iniciar este
proyecto común que a día de hoy sorprende a todos aquellos que se acercan a él
con ojos de curiosidad.
Un
claro ejemplo de lo manifestado podemos encontrarlo en la parroquia de Santiago,
donde las cuatro cofradías incardinadas en ella, han celebrado o lo están
haciendo su cincuentenario tras su refundación en los primeros años de la
posguerra. El esfuerzo realizado hasta el día de hoy por cada una de ellas, es
digno de encomio, máxime si tenemos en cuenta las condiciones socioeconómicas de
Guadix en la década de los años cuarenta, momento en el que se inicia la
refundación de la cofradía del Santísimo Cristo de la Luz –1941- o la de nuestro
Padre Jesús Nazareno “El Llavero”, dos años más tarde.
Los primeros años de posguerra fueron especialmente
duros para las cofradías asentadas en la parroquia de Santiago. Sus imágenes,
capillas, ajuar y demás patrimonio fue destruido o quedó prácticamente
inservible. En esta tesitura debe enmarcarse la situación que viven los cofrades
del Santísimo Cristo de la Luz en los años cuarenta. Precisamente los restos de
la imagen (solo pudo recuperarse parte de las extremidades superiores e
inferiores) se util izarán
en la elaboración de una nueva talla, realizada en Granada y costeada por la
familia Dueñas, imagen que llegará a Guadix en el mes de octubre de 1941.
El 19
de mayo de 1943 seis miembros de la antigua cofradía del Nazareno, -Julio
Fernández Lizana, Antonio Ratia, Emilio Aguilera, José Ortiz, J.Porcel y José F.
Sánchez- elevan al párroco de la iglesia de Santiago un escrito en el que
manifestaban su deseo de restablecer el culto a Jesús Nazareno mediante el
encargo de una nueva talla por suscripción popular.
Los
miembros de la cofradía de San Juan Evangelista habían tenido más suerte. Al
menos su titular no fue pasto de la piqueta y de la barbarie, el “Discípulo
Amado” había permanecido oculto en el convento de las madres clarisas durante la
guerra civil.
La
ilusión de esta nueva generación de cofrades posibilitó que en la mañana del
Viernes Santo de 1944 se pudiera organizar un solemne Vía Crucis con las
imágenes del Santísimo Cristo de la Luz, San Juan Evangelista y Nuestra Señora
de los Dolores. La iniciativa, impulsada por la cofradía del Santísimo Cristo de
la Luz, contó con el aval del propio obispo, Rafael Álvarez Lara, quien había
llegado a la ciudad en noviembre del año anterior. Se iniciaba de esta manera un
proceso que culminaría unos años más tarde con la fundación de la Real
Federación de Cofradías de Semana Santa el 14 de febrero de 1953, hito en el que
participan seis cofradías, la mitad pertenecientes a la parroquia de Santiago:
el Cristo de la luz, Jesús Nazareno y San Juan Evangelista.
El
3 de marzo de 1955, se incrementará el número de hermandades incardinadas en la
parroquia de Santiago con la fundación de la cofradía de María Santísima de las
Lágrimas, cuya imagen fue realizada por Castillo Lastrucci, siguiendo el encargo
y posterior donación a la parroquia de Juan Lirola. La nueva cofradía hacía su
primera estación de penitencia por las calles de Guadix el 6 de abril del mismo
año, hace exactamente medio siglo.
Las
cofradías de penitencia asentadas de la parroquia han tenido sus luces –muchas-
y sus sombras –escasas- . Las obras en el templo que coinciden a su vez con la
crisis general que sufre la Semana Santa en los años sesenta y primera mitad de
los setenta hicieron su mella. Sin embargo, con la perspectiva de más de medio
siglo, el presente es magnífico y el futuro halagüeño. Para sortear los
obstáculos y avanzar hacia nuevas empresas, han tenido la suerte de contar con
la disponibilidad y buen hacer de los párrocos que a lo largo de estos años han
desarrollado su tarea pastoral y evangélica en Santiago: don Juan Gómez, don
Manuel Ballesteros y don José María Hernández Ballesteros.
En los
últimos años asistimos al espectacular salto cuantitativo y cualitativo
experimentado por las cofradías de la parroquia. Restauraciones de los titulares
a cargo de profesionales de primera línea como Bonilla Cornejo o Cambil Campaña;
aumento de enseres y ajuar, todo de enorme calidad desde el punto de vista
artístico, elaborados por los mejores talleres andaluces de orfebrería asentados
en Granada, Córdoba o Sevilla; renovación completa de los pasos o la
recuperación de la iglesia de San Agustín son activos de los que hoy pueden
estar satisfechos sus cofrades y todos los que de alguna manera queremos a
nuestra Semana Santa.
Pero
todo esto, con ser importante, ha quedado superado con la incorporación de dos
nuevas imágenes de gusto exquisito, esmerada elaboración e indudable valor
artístico. La Virgen de la Amargura era una vieja aspiración planteada
oficialmente por los hermanos del Cristo de la Luz el 19 de abril de 1953,
anhelo que fue hecho realidad el 15 de septiembre de 2002, fecha en la que se
bendijo la bella imagen elaborada por el cordobés Francisco Romero Zafra. Hace
unos meses, la iglesia de Santiago volvía a vestirse de gala para acoger en su
seno a la Virgen de la Consolación, obra del escultor accitano Torcuato Asenjo
Fenoy que sustituye la antigua talla destruida en la guerra civil y que a decir
de los entendidos en la materia, supondrá en el futuro referencia obligada de la
producción iconográfica de la Semana Santa Andaluza.
Llegados a este extremo solo cabe reconocer el esfuerzo y la dedicación diaria
que decenas de personas realizan de manera callada. Gracias a ellos, la
parroquia de Santiago es un referente de nuestra Semana Santa y sus respectivas
Juntas de Gobierno un ejemplo del trabajo bien hecho.
Santiago Pérez López

QUÉDATE CON NOSOTROS, SEÑOR
Con serena seriedad acompañáis y
paseáis sobre vuestros esforzados hombros la imagen de Cristo. Es el momento de
su vida más divulgado
y crucial: Dos maderos desiguales sostienen la agonía y la muerte más injusta,
según lo humano, y a la vez, hondea en ellos la real enseña en la que se nos
brinda para siempre la infinita bondad del Padre.
Dos maderos desiguales, paradoja
de los caminos de Dios, instrumento de tortura y muerte, que se convierten en
rico manantial de vida e inagotable fuente de luz; luz para esta tierra nuestra
atenazada por la muerte y la oscuridad del mal.
Es el Árbol de la Cruz al que,
desde que se levantara en aquella colina al NO de Jerusalén, que llamaban de la
calavera (en latín Calvarium y Gólgota en arameo) han dirigido mirada y corazón
multitudes incontables de todos los tiempos y lugares de la tierra.
Aquellos dos maderos desiguales
trastocarán el curso mismo de la historia y mutarán hasta la misma esencia de
las cosas. De ser la cruz un despreciable y temido objeto de tormento, cuando
Jesús se ata a ella, queda convertida en realidad adorable, reproducida, pintada
y esculpida por los pinceles más exquisitos, las gubias más diestras y las
sublimes manos de tantos genios como nos han regalado –y lo siguen haciendo- con
su arte.
Guadix, desconcertado, contempla
cómo portáis la enorme contradicción de la Cruz, con esforzado y reflexivo paso,
a cuyo ritmo se balancea y cuelga la salvación del género humano. En vuestra
mirada brillante y tensa, hacia arriba, se refleja como un susurro de oración
reposada. Es un repaso cálido a otros momentos fundamentales de la vida del
Cristo maltrecho, crucificado y muerto, con cuya imagen ilumináis esta noche
calles y plazas.
Empezáis por el principio. En
vuestra mente aletea el anuncio del Ángel Gabriel a María, la joven elegida por
Dios para ser su Madre, a lo que ella contesta:
- He aquí la
esclava del Señor; hágase en mí según lo que dices. (Lc
1,38)
Y desde ese
instante la Segunda Persona de la Trinidad, el Hijo, cuya imagen portáis, toma
carne humana para hacerse uno de tantos.
Destilan
vuestros ojos brillantes la hora decisiva de su Nacimiento en la Cueva de Belén.
-¡Cuánto que
aprender allí!- proclamáis. –Ya está entre nosotros. Su infancia y juventud,
toda una escuela de virtudes a la que acudir si queremos aprender humildad,
esfuerzo, disciplina, trabajo, obediencia, bondad, vida familiar....
Vuestro mirar
tenso irradia el sosegado repaso que vais dando - solo se escucha la sacudida
sonora y rítmica del calzado sobre el suelo- a la enjundiosa vida pública de
Nuestro Señor. Bodas de Caná de Galilea (Jn 2,1-3). ¿Os apetece entrar?
-Haced lo
que Él os diga.- Y lo hicieron. ¡Menudo vino bebieron
aquellos convidados!
Os sobrecoge
aquello de los panes y los peces, lo meditáis una vez más.
-
Maestro, esta muchedumbre que te sigue no tiene
qué comer.
-
Dadle vosotros –sugiere a sus íntimos-.
-
Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de
cebada y dos peces.
Comió la
multitud y sobró mucho más de lo que aportó el chico. (Jn 6, 1-15)
Os aturde y
alivia en parte, como a mí (justicieros nosotros) contemplar a Jesús aquella
soleada mañana sentado en el Templo. Enseñaba a los que le seguían. Siempre hay
los “listillos de guardia”, los que buscaban un motivo en las enseñanzas de
Jesús para acusarlo ante la ley. Reconoced conmigo que Jesús molestaba entonces
como hoy. Se le acercan y le traen una mujer sorprendida en adulterio. Diga lo
que diga, se va a perjudicar, se va a pillar los dedos, esperan ellos, pues la
Ley de Moisés manda que tales mujeres mueran apedreadas.
-
Aquél de vosotros que no tenga pecado tire la
primera piedra.
Al oír esto se
marcharon uno tras otro, empezando por los más viejos. (Jn , 8)
En vuestro
penitencial paseo recordáis muchos más momentos, estoy seguro, como el de la
curación del ciego de nacimiento, o la de los cojos y paralíticos, o cuando
vuelve a la vida a su amigo Lázaro, etc., etc.
En uno de los
obligados y apetecidos descansos, tras la subida, os alcanza la imagen del
sermón de la montaña, recostada la muchedumbre en la ladera.
-
Dichosos los pobres en el espíritu, porque suyo
es el reino de los cielos.
-
Dichosos los humildes, porque heredarán la
tierra.
-
Dichosos los que tienen un corazón limpio.
-
Dichosos los que construyen la paz.
-
Dichosos cuando os injurien y persigan en mi
nombre..... (Mt, 5)
Y sobre todos
los momentos de la vida de Cristo vuestros ojos brillantes de esperanza reflejan
vuestra cercanía personal en la hora amorosa de la última Cena con los suyos. Es
la despedida. Se va a marchar, pero se queda:
- Tomad
y comed, esto es mi cuerpo... Haced esto en memoria mía.
(Lc 22,17)
La Eucaristía,
presencia real y verdadera de Cristo en el pan consagrado de la Misa, es un
prodigio de amor. Prodigio tan asombroso y más real que la misma bella talla
que, sudorosos ya, vais a regresar ya a su casa. Justamente ahí, sobre el
tabernáculo, la cetrina imagen del Cristo de la Luz –presidiendo desde lo alto-
señala con su cabeza desvaída la real presencia de Jesucristo hecha vida y
alimento para nosotros.
Estoy seguro
que os pasa por la mente aquel inenarrable momento de felicidad para los de
Emaús. Jesús resucitado se une en el camino a dos de sus muchos seguidores que,
desconcertados, la mañana del Domingo, huyen de Jerusalén tras la crucifixión.
Todo ha acabado. “Nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel.
Y, sin embargo, ya hace tres días que ocurrió esto”. Jesús los escucha y les
explica lo que decían de él las Escrituras. Se hace tarde cuando llegan a la
aldea.
-Quédate
con nosotros, porque es tarde y anochece- le
piden, pues Jesús hace ademán de seguir adelante. Sentado a la mesa con ellos,
tomo el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los
ojos y lo reconocieron... (Lc 24, 13-35)
Finalmente,
amigos, vuestra fe proclama a todos los puntos cardinales que no es fe muerta,
sino viva porque creéis, porque creemos, en Jesús resucitado y vivo. Dios y
Señor de la vida; vida que a vuelto a conquistar desde la Cruz para todos.
José Luis Campoy
En el mes de marzo del Año
de la Eucaristía 2005, cuando se cumplen 150 años de la proclamación del Dogma
de la Inmaculada Concepción de María.
.

VISIÓN DE LA SEMANA SANTA
Para cuando usted lea estas
páginas, todas las hermandades y cofradías accitanas estarán inmersas en los
preparativos y el desarrollo de los actos y cu ltos
que precederán a la Semana Pasión, Muerte y Resurrección de de nuestro Señor
Jesucristo.
Es relativamente difícil
imaginar el esfuerzo en materia económica y de recursos humanos que se
desplegará a lo largo de todo este tiempo para representar en la calle y en los
templos, las estaciones de penitencia que se desprenden de algunos de los
episodios de la vida de Jesús. Pero visto así, o mejor dicho, vivido así, no
imagino la diferencia entre salir a ver un desfile procesional, una película de
cine, una obre de teatro o cualquier otro evento de similares características.
Tan solo si somos plenamente conscientes de la necesidad de algunas personas por
expresar un cierto sentimiento de dolor y culpa, de oscuridad y esperanza, así
como de procesionar, acompañando a la Virgen o al Señor en el momento de
la representación imaginera de su sacrificio y entrega absoluta a los
seres humanos; es decir, si vemos con los ojos del corazón, si sabemos leer
entre líneas, si nos esforzamos en comprender los actos y los signos, y la
necesidad anónima de expresar sin palabras que TODOS NOSOTROS CREEMOS, y que
queremos creer que el milagro milenario se repetirá siempre en nuestros
sentimientos; entonces y sólo entonces, viviremos una renovación de nuestra fe,
moriremos y habremos resucitado con el Cristo y no habrá sido un sacrificio de
éste en balde.
Mire, si hoy
tuviéramos que
buscar a un primo que se dejara entregar por nosotros y que aceptara el
sacrificio humano para la salvación del mundo, o nos tomarían por locos o por
otra cosa peor; pero... ¿sabe usted?, este mundo sin conciencia, sin ética de
ningún tipo y por supuesto sin valores morales y cristianos sería, para
muchísimas personas que caminan sin esperanza y entre tinieblas en lo cotidiano,
un verdadero infierno en la Tierra... la soledad de las personas, esa soledad
que nos invade a pesar de vivir rodeado de otros muchos paisanos que pasan a tu
lado y no conoces o que simplemente saludas autómatamente, esclavos en un mundo
tiranizado por el propio ser humano, y cuya creencia en la Virgen María y en
Jesús y su loco sacrificio nos alivia y nos da la fuerza infinita para
levantarnos, con enorme poder, sobre el noqueo que te impone en la lona la
propia vida de cada uno... ¡¡¡real como la vida misma!!! Así que un poco más de
respeto a los creyentes y a esa fuerza que emana de nosotros gracias a este
Cristo; que también nosotros somos legión, otro tipo de legión.
José López

... Y FUE CONTADO
ENTRE MALHECHORES.
Todos
recordamos la escena. Y deberíamos contemplarla con sonrojo, con perplejidad y
hasta con vergüenza.
Jesús
es contado entre los malhechores, es levantado y muere entre dos ladrones. ¡Pero
si no ha hecho nada malo! Confesó Pilatos. Pero su cobardía, su poca
personalidad lo entregó para que fuera crucificado.
Ya
nadie se acuerda de sus propias afirmaciones: nunca hemos visto caso igual...,
todo lo ha hecho bien..., pasó haciendo el bien y curando toda clase de
enfermedades y echando demonios..., porque Dios estaba con Él..., Qué olvidadiza
es la condición humana, el hombre se deja arrastrar por las consignas de unos y
otros, por los poderes que destruyen las voluntades, por las modas que subyugan
las propias iniciativas... y entre el hombre en la contradicción, en el
conflicto entre lo que sabe y reconoce en el fondo de su corazón y lo que se
presenta de forma atractiva en ese momento. Ya no es el Nazareno, tras el que
iban, hasta olvidarse del aliento, para escuchar sus enseñanzas, su doctrina y
recibir también el afecto, la cercanía de quien estaba de parte del pueblo, de
los pobres, a los que le ofrecía como regalo gratuito su pertenencia al reino de
Dios, el ser los más queridos del Padre.
El
cambio es tremendo y trágico... El grito solemne de "bendito el que viene en
nombre del Señor, bendito el hijo de David"... da paso ahora al "crucifícale,
crucifícale".
Este
fenómeno no es de ayer, se da también entre nosotros. Hoy bendecimos al Señor,
le damos gracias, le cantamos; mañana lo olvidamos todo, lo relegamos al rincón
de los trastos viejos, no nos sentimos atraídos por tanta belleza y bondad como
tenemos en Jesús, clamamos silenciosamente "la muerte de Dios", el final de la
religión, el abandono de la fe...
Pensemos un poquito y seamos consecuentes, hermanos cofrades. Nuestros cambios
irracionales también han sido asumidos por el Señor y son perdonados. Pero ello
nos debe dar pie para que hoy busquemos y sigamos al Señor y, dadas las
circunstancias de la vida, de la historia, vivamos alejados como los hombres que
no tienen esperanza". Siempre discípulos y amigos del Señor.
- D. José M. Hernández
Ballesteros. Consiliario
- Cuaresma 2006

AHORA TE TOCA A
TI.
Una
vez más, hora del silencio procesional del Jueves Santo y lento agonizar del
decisivo Viernes. Nos convoca el imponente signo de contradicción levantado en
la Cruz sobre nuestras cabezas: EL JUSTO, ajusticiado.
Es
incuestionable su poder de convocatoria. Y, seguramente, nos convoca para algo.
Yo me pregunto qué nos quiere transmitir Cristo, el de Belén, el de las Bodas de
Caná, el de los panes y los peces, el mismo que hizo andar a paralíticos y
resucitó muertos, defendió (no debió resultar cómodo en aquella cultura),
defendió de muerte segura a la mujer adúltera... qué nos comunica desde la
atalaya de su fracaso que cada año paseáis con fervor, ¿Acaso se queja?
Padre, perdónalos.- Son sus palabras desde el sufrimiento atroz y la burla
despiadada.
¿Quizás el desaliento o la desesperación de última hora?
-
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu - concluye al fin su voluntaria y
dura tarea.
Verdaderamente portáis la señal de contradicción. Cristo es el estandarte sin
sentido, desfasado, dicen algunos, porque resulta muy difícil de aceptar. Y es
difícil, no solo para quienes no lo conocen o para quienes conociéndolo lo
ignora, también resulta comprometido para nosotros mismos que decimos seguirle
e, incluso, amarle.
A
nosotros, que vivimos arrastrados por la atractiva corriente del bienestar,
quizás despreocupados del "bienser" , nos resulta complicado seguir sus
consejos.
Es
fácil la contemplación fervorosa de los dolores de Cristo ala luz impasible de
la luna llena; pero ¿es eficaz? Si ello no nos mueve a examinar nuestro preceder
en todos los pasos de nuestra acelerada vida: en el trabajo, en el descanso, en
la familia, al volante, delante y detrás de los amigos... si no nos escarba en
la conciencia... si no nos conduce por el camino de la lealtad, la honradez, la
honestidad... sería como contemplar un bello paisaje y sólo eso.
Pero
¿por qué examinar nuestro proceder? ¿Por qué escarbar en la conciencia?
Es
posible que encontremos acciones y actitudes que no se ajustan al encargo
esencial, a la recomendación definitiva de Jesús a los que deciden seguirlo:
"AMAOS COMO YO OS HE AMADO". Este es su testamento, cuando se despide en aquella
solemne última Cena. Luego tomó pan, lo bendijo y lo dio a comer. "Este es mi
cuerpo; haced esto en conmemoración mía". Y esto lo pide Jesús con ardor de
quien sabe va a derramar su sangre a pocas horas. Y lo hizo, la derramó. ¡Vaya
si la derramó! Ahí lo lleváis sobre vuestros hombros. Lo suyo no son solo
palabras. Para comprobarlo no hay más que leer detenidamente el Evangelio.
También podemos consultar historiadores de aquella época (Fabio Josefa, Cayo
Cornelio Tácito...) No se llamaron cristianos, porque no lo fueron, ni quisieron
aparentarlo, aunque tuvieron la valentía de ser veraces. En sus relatos
históricos cuentan los prodigios incontables llevados a cabo por Jesús, incluida
su resurrección. Las palabras de Jesús, todas sus esperanzadoras palabras
contenidas en el Evangelio se sostienen a las portentosas acciones, realizadas
siempre con sencillez, selladas con su vida y sobre todo, rubricadas con su
resurrección.
¿Existe algo más sencillo que el pan? "Este es mi cuerpo". Ahí nos deja
el aliento de la Eucaristía. Lo suyo no son solo palabras. Es la gran realidad a
la que tenemos que agarrarnos para sobrevivir en la fe.
Ahora
te toca a ti, me toca a mi. Quiero ser coherente. Quiero que mis palabras se
sostengan sobre las acciones, con los hechos de cada instante de mi vida:
Con
mi perdón hasta las últimas consecuencias.
Con
mi sonrisa sincera hasta para quienes no me caen bien.
Con
mi honradez hasta en lo poco.
Con
mi ayuda eficaz y oportuna a quien me necesita. Si me fijara, si te fijaras...
¡Hay tantas personas -quizás cercanas- que urgen desesperadamente mi atención, o
la tuya,, delicada, sencilla, imperceptible!
Tengo
que ser coherente. La mentira no es un juego. La mentira es una traición a la
verdad. La mentira, nefasta para cualquiera, en un seguidor de Cristo se
convierte en traición abominable al mismo Cristo que es camino, VERDAD y vida.
Si
entro, si entras en el círculo de los seguidores amigos de Jesús tenemos el
deber de rechazar la mentira, las falsedad, la hipocresía...
Para
todo ello debo ser fuerte. Tengo que alimentarme bien: "Este es mi
cuerpo".
Él nos enseña a ser consecuentes hasta la extenuación con su palabra
profunda y alentadora, que tenemos que estudiar; con los inconmensurables hechos
que adornan sus treinta y tres intensos años de vida: con su decidida y y
voluntaria entrega a la voluntad del Padre hasta la muerte y, sobre todo, Él nos
enseña y anima a ser consecuentes con su prometida y efectiva resurrección.
Ahora
te toca a ti. Ahora me toca a mi.
- José Luis Campoy
- Cuaresma 2006
RECUERDOS DE LUZ
Son
veinticuatro años llevándote a hombros todas las Semanas Santas, desde el
principio era un plazo con final, pero pasa año tras año y ese final no llega.
Cuando acaba la procesión del Viernes Santo todos los años pienso, ha sido el
último año que he podido sacarte por las calles de Guadix, quisiera poder
sacarte el año que viene, pero... y llega el año que viene, y aquí estoy otra
vez debajo de tu trono, pidiéndote el Jueves Santo fuerzas para sacarte el
Viernes Santo. Y el Viernes fuerzas para llegar a la Calle Ancha, a Santiago, a
dejarte en tu templo hasta el año que viene.
Como
tanta gente, por circunstancias yo no vivo en Guadix. Cada viaje que vengo es un
viaje proyectado por los afectos, la familia, los amigos, y mi Cristo. A veces,
después de hacer las maletas, mi familia y yo hemos tenido que deshacerlas por
fuerza mayor, pero en Semana Santa, ni se plantea. El Cristo de la Luz tiene que
salir por las calles de Guadix, y mientras pueda, yo debajo de su trono.
Desde
niño en mi casa se vivió la devoción al Cristo de la Luz de una manera muy
especial, hasta que no pasaba por mi balcón los Jueves Santos teníamos permiso
para estar despiertos, para verlo pasar. Mi abuela Carmen "La Gañana", era la
persona encargada de cobrar los recibos de la Hermandad, y yo pasé más de una
tarde acompañándola de casa en casa de los hermanos del Cristo de la Luz. Cuando
empecé a llevarlo a hombros muchos ya me conocían.
Aunque haya pasado tanto tiempo siendo costalero, no dejo de sentir las
emociones de la primera vez. Ese tintineo de campana para la "levantá", el
crujido del trono. el paso sereno con que mis hermanos, en silencio, te llevan a
la calle, el encendido de la luz, el amor de la gente que entre admiración y
respeto te rezan. El jueves Santo, Guadix entero guarda silencio, tu paso invita
a la reflexión y al recogimiento, mientras pasamos vemos rostros que expresan
fe, meditación, la devoción que te tienen, algunos te miran como rezando, otros
bajan los ojos, estoy seguro que para pedirte algo, ¿Quién no tiene algo que
pedirte, y algo que agradecerte? Y el Viernes, el Viernes parece que hasta el
sol sale para rezarte.
La
Hermandad significa mucho para ti, tengo dos hijos y son hermanos del Cristo de
la Luz desde que son cristianos, es más, tengo la impresión de que alguno lo he
apuntado en la Hermandad antes de bautizarlo. Un par de días antes. El mayor,
con diez años, ya amenaza con quitarme el puesto debajo del varal, y el Domingo
de Ramos ya está nervioso, pensando en el Jueves Santo, y en si la túnica le
estará demasiado corta, o en si lo dejaré salir el Jueves Santo por la noche o
no. Imposible decirle que no. Es el futuro ilusionado. Igual que ilusiona pensar
que pronto, muy pronto espero, nuestra Señora de la Amargura podrá acompañar a
su hijo en la estación de penitencia. Recuerdo la ilusión que me produjo, llegar
a Guadix, el día antes de su bendición y poder entrar al Convento de Santiago a
verla por primera vez. Y espero que algún día, mis hijos puedan llevarla a Ella
y a su hijo por las calles de Guadix.
- Agustín José Carmona Lorente
- Jerez de la Frontera, 2006
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